Por enésima vez miró los 10 cantos blancos que señalaban la distancia. "10 piedras, 20 metros", pensó. "Tiene que ser suficiente, tiene que ser".
Nuevamente recorrió con la mirada las piedras, contándolas desde sus piés hasta el final. Y, entonces, comenzó a correr. "9, 8, 7, ..." recontaba ya por última vaz según pasaba junto a las señales. "3, 2, 1, ..." Y luego saltó con todas sus fuerzas.
Miles de veces lo había imaginado. Lo había calculado una y otra vez: la distancia, la velocidad, la envergadura, la altura, la presión del aire. Lo único que no llegó a pensar es que, después de todo, él no era un pájaro.
A veces los humanos nos enfrascamos en manías incontrolables, en gestos que no somos capaces de evitar y que nos hacen vulnerables a los demás, pues nos dejan en evidencia y nos muestran débiles y hasta ridículos ante el mundo. Yo hace días que vengo sufriendo una, aunque no se trata de un movimiento físico. Ojalá fuera eso. He notado que, cada vez con mayor frecuencia, me pongo a hurgar en mi alma. Sé que suena raro, y hasta increíble, pero lo cierto es que desde que descubrí que la tengo, no puedo dejar de meter el dedo en ella y remover. Y, para colmo, lo que me produce más placer es rascar los residuos del fondo, los que están pegados a las paredes. Y cuando lo hago, el humor se me transforma y me vuelvo un ser arisco e irritable. No sé que hacer para deshacerme de esta funesta manía. Sobre todo porque el otro día, no sé en que zona rasqué, que sentí morir, y he cogido miedo. ¿No habría algún sistema para cambiar este tic por otro más sencillo como el de comerse las uñas?
Comentarios
La verda es que si la lees con detenimiento te da que pensar.
Por cierto, como te dije, he empezado a publicar en mi blog tus historias, voy a una por día, así que tú tranquilo que no te alcanzo. Pues lo dicho, que los estoy publicando y que he dejado un enlace a tu blogg para ver si la gente los lee, un abrazo.