Le había costado verla, tal vez porque había crecido lejos de las otras. Era posiblemente la última mazorca de la Tierra, al menos de la tierra que él conocía. Sopesó guardar los granos y sembrarlos, así habría más maíz la próxima vez que pasase por allí. Pero pensó que algún otro merodeador podría descubrirlo antes, o algún animal salvaje. Y él tenía hambre en ese instante. Comenzó a mordisquearla al tiempo que sus pensamientos se centraban de nuevo en el camino.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
Comentarios