Abajo, en la rotonda, tome usted la segunda salida. No, disculpe, la tercera. Avance por esa calle, verá que hay una señal que indica el camino del cementerio. No recuerdo si es la tercera o la cuarta esquina a la derecha, pero es en la que hay un Cajero de CaixaDerribo. Ahora debe estar cerrado, claro. Doble usted por esa calle y continúe hasta el final. Verá el cementerio, pase de largo, y unos 2 o 3 kilómetros después estará usted allí. Le llaman el Paraje del Infierno, porque siempre que hay tormenta impacta algún rayo allí. De hecho, los suicidas del pueblo se pasan el día esperando la previsión metereológica. Pero supongo que todo esto ya se lo habrá dicho su GPS.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
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