¿Sabes esos días que te levantas con aire de tormenta? ¿Esos días en los que los sonidos usualmente dulces y hasta deseados suenan como desagradables truenos dentro de tu mente? ¿Esos días en los que las estridentes voces de los niños provocan una punzada de intenso dolor en la sien? Pues hoy tengo uno de esos días. Así que sabrás disculparme. No he sido yo el ha ha soltado la mano, ha sido culpa del nubarrón.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
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