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Mostrando entradas de 2013

Un autor poco original

– Esto es absurdo.
– ¿Lo es?
– Claro que lo es, ¿dónde se ha visto que un personaje y su autor mantengan una conversación?
– Pues se ha visto en numerosas ocasiones, por ejemplo en...
– Vale, vale, ¿Y en cuántas de ellas el personaje apuntaba al autor con una pistola?
– Creo que también se ha hecho, no soy muy original.
– Es absurdo, ¿cómo voy a ser una amenaza si cada palabra que digo es tuya? Y, además, no soy real.
– Bueno, sí que eres real. Si yo creo que existes, si yo te veo, y si soy capaz de dejarte actuar por tu cuenta, entonces...
– Ya, claro, existo. Y si yo apretara el gatillo de la pistola que has imaginado, se supone que recibirías un tiro... Probemos...
PUM
– ¡Maldita sea! ¡Me has dado! ¿Y ahora cómo explico yo esto en el hospital?

Un muerto sin memoria

Una vez salí del agujero y recorrí la tapia hasta dar con la puerta del cementerio. Así confirmé que mi tumba no estaba dentro, y comprendí porqué no había lápida en ella. El agujero de mi calavera puede que sea la razón de mi falta de memoria. En cualquier caso sé que estoy muerto, que habito una tumba anónima y que no recuerdo nada de mi vida.
A veces llegan hasta mi fosa las voces de los muertos al otro lado de la tapia. Se nota que ellos si saben quienes son. Se pasan las noches discutiendo sobre si el purgatorio existe o no, y si era peor la vida o esta muerte. Y la víspera del día de los difuntos cruzan apuestas sobre el número de visitas o de ramos que logrará cada uno.
A veces he estado tentado de atravesar la tapia y relacionarme con ellos, pero siempre me he echado para atrás en el último momento, siendo éste un gesto que no sé si corresponde con mi forma de ser en vida o es un añadido que me sobrevino con la muerte. Es lo malo de ser un muerto sin memoria.

Una espada sin afilar

Ella se empeñó en guardar la espada con la que cortamos la tarta nupcial. Luego la achicó en un armario cualquiera y hasta hoy no la he vuelto a ver. Ha sido tras el ofrecimiento involuntario a ayudar en la mudanza. Envuelta en un par de trapos de cocina viejos.
Es una espada triste, sin un filo con el que abrir una herida, una espada ceremonial, de un sólo uso: inútil. Pienso en las catanas de adorno, esas que proliferaban en los despachos de los yupis de los 80. Ellas al menos quedan expuestas en sus hermosas fundas de bambú. Ésta, de poder hacerlo, las envidiaría.
No obstante, en su alma debe anidar el deseo de matar. Un golpe fuerte con ella podría ser letal, si es en la cabeza. También podría llegar a atravesar un cuerpo, si se lanzara una estocada con la suficiente fuerza y la víctima se encontrase contra una pared. La meto en la caja correspondiente no sin antes pensar en qué diría mi suegra, si pudiera: "límpiala antes de guardarla, que con tanta sangre va a pringar al r…

El último Arca

Un arca. El ARCA XXXIV, el último de su clase. Miles de embriones humanos y de animales, un banco de semillas y todo el conocimiento de la Humanidad en sus discos duros. Un sólo cerebro despierto, integrado en la CPU de la nave. Apenas un resquicio de lógica humana en medio de un complejo sistema de condicionantes mecánicos, eficientes pero huérfano de creatividad. A medida que el enfriamiento del Universo era más evidente, comenzaron los planetas humanos a mandar Arcas en todas direcciones, con la esperanza de encontrar nuevos sistemas en los que replicar nuestros mundos. Esta nave fue enviada al centro del Universo, considerando que el enfriamiento llegaría más tarde aquí y que sería posible extender la historia humana hasta el último segundo del Universo. Mi tarea como cerebro humano central es servir de nexo de unión entre los mundos originales y los nuevos que se creen a partir del material genético almacenado en el Arca. Pero circular por el Universo durante tantos años me ha llev…

El aroma de la juventud

Entraba con ella un suave aroma floral, fresco y juguetón. No se trataba de un perfume, era más sutil, era suyo. Era la definición olorosa de la inocencia, de la felicidad, de la falta de malicia y de maldad. Era la juventud.
Entonces deseé que ese olor no se le fuera nunca. Que no tuviera que vivir decepciones, que la muerte no minara su optimismo. Que la mentira no la alcanzase nunca.
Pero sabía que aquello era imposible. Lo único que yo podía hacer era olfatearla profundamente cuando pasase a mi lado. E intentar que su recuerdo perdurase para siempre en mi memoria.

Nadie ha hecho por la muerte tanto como yo

– He matado a miles. He creado armas atroces, pensadas para sembrar el pánico. He contribuido al estallido de revoluciones, a la caída por igual de democracias y dictadores... Nadie ha hecho en este siglo por la muerte tanto como yo. ¿Por qué entonces me buscas con tanta insistencia?– Me da igual quién hayas sido y la de almas que me hayas servido. Sólo sé que tu tiempo se ha terminado...

Sobrecapacitado

– Su currículum es impresionante...– Gracias... Pero.... – ¿Por qué supone que habrá un pero? – Si ha leído mi CV sabrá que me he dedicado a esto. Sé cómo se dan las malas noticias. – Es que... Está sobrecapacitado para este trabajo.  – ¿Significa eso que cree que haré peor el trabajo? Si estoy sobrecapacitado hacerlo de forma excelente no sería un problema... – Ya, pero su edad... – 45 años. Me quedan 20 o más de vida profesional, tengo experiencia, mucha experiencia y ustedes lo ponían como requisito. – Es muy posible que sus compañeros se sintieran intimidados. Compréndalo. – ¿Y si en lugar de intimidados se sintieran inspirados? ¿Lo ha pensado? Mejoraría el funcionamiento de todo el departamento. – No creo que usted se sintiera a gusto. – Le garantizo que sí. Después de cinco años parado, cualquier trabajo me haría feliz. Incluso ser re ponedor. – Lo siento, pero usted no es lo que buscamos. – Bueno, no insistiré. Pero déjeme decirle que hace 10 años yo era exactamente como usted. Dejó de ensa…

Tonalidades rojas

Otra vez caí al suelo llena de sangre. Pero no era mía, sino de otra. Yo fui la primera, pero detrás vinieron muchas más. Y ella terminó cayendo, dejando manchas de sangre salpicada a su alrededor.
Vi la luz hace mucho más tiempo de lo que cualquiera puede recordar. Las presiones previas a mi nueva vida fueron fabulosas. Y, durante una parte importante de mi existencia, cada año lo iba viendo todo desde más alto. Hasta que me independicé; abandoné la seguridad de la gran masa de la que yo había sido una parte indistinguible. Así conocí el mar, que terminó de darme forma, a costa de perder una parte importante de mi yo en el camino.
Cuando salí del mar seguía siendo la misma, aunque no me parecía en nada a mí. Y no pasó mucho tiempo hasta que una mano humana, el primer humano con el que me crucé, me recogiera y me trajera hasta aquí, donde otros hombres me arrojan una y otra vez. Y, poco a poco, a base de golpes, he ido cambiado mi original color gris por otro plagado de tonalidades ro…

El reflejo equivocado

Miraba la cara del espejo entre extrañado y divertido. No reconocía esas arrugas alrededor de la boca y los ojos. Tampoco le sonaban las enormes bolsas bajo los ojos, ni la desproporcionada nariz. Sólo le eran ligeramente familiar el brillo de los ojos, que parecían oasis de juventud olvidados en medio de aquella cara y la sonrisa pícara que se dibujó en su rostro cuando pensó: ese reflejo está equivocado.

Consumidos

Comencé lamiendo sus blancos pies. Rápidamente subí por sus muslos y abrasé el bello de su pubis con mi lengua ardiente. Ella se retorcía con cada contacto y gritaba, cada vez de forma más ruidosa. A pesar de sus convulsiones, continue hacia sus pechos y los deshice entre mis dedos de fuego. Entonces dejó de moverse. Y, cuando ya no quedaban más que cenizas de ella, yo me extinguí.

Amor por accidente

Él y ella se conocieron gracias al destino. El él de ella y la ella de él crearon un nuevo binomio, buscaron una excusa al uso y cogieron un avión rumbo al paraíso. Pero el destino quiso que el avión cayese sobre el profundo océano.El destino quiso que se conocieron en los pasillos del aeropuerto, rondando por las instalaciones rogando información a cualquiera que tuviera una placa de identificación colgada del cuello, y recibiendo juntos la peor noticia, y comprendiendo a la vez la traición.Luego descubrieron que vivían relativamente cerca el uno del otro. Y que no habían tenido hijos por la insistencia de sus parejas. O que ambos habían heredado sendos perros que acudían al mismo veterinario. Ellos fueron la excusa para una primera cita, que se hizo costumbre: el paseo del domingo por la mañana para comprar la prensa y el desayuno en el kiosco de los churro, justo a la salida del parque. Puede que fuera la soledad y no el destino la que les empujó a vivir juntos, pero seguro que fue …

Ya no creo en los espías

La gente sigue creyendo que la infancia se abandona definitivamente el día que dejas de creer en las hadas, o esa oscura Navidad en la que te das cuenta de que los reyes no son los reyes, o cuando descubres que el ratoncito Pérez tiene dos patas en lugar de cuatro.
Sin embargo, para los niños de mi generación (no se si para las niñas) ese momento sobreviene cuando te da cuenta de que 007 es un "pringao". ¿Cómo se puede ser tan idiota de ir diciéndole a todo el mundo tu nombre verdadero? "Mi nombre es Bond, James Bond". ¡Menudo agente secreto! O ¿Cómo es posible que nadie le haya envenenado aún el martini agitado, no revuelto? Pero lo más increíble es la imposibilidad metafísica de acostarse con tanta mujer sin conocérsele preocupación alguna por las enfermedades venéreas, ¿acaso no ha oído hablar de SIDA?
Así, un día, delante de la tele o en el cine, te das cuenta de pronto que la aventura continua, las mujeres que se mueren por él y la última tecnología no son si…

Huecos de olvido

A un historiador no debe extrañarle la levedad de la vida. Y, sin embargo, cada vez que se produce un hueco en el entorno, el alma se me queda encallada durante un tiempo en los recuerdos que tal vez compartimos el muerto de turno y yo. Por desgracia, además, los huecos se llenan mucho más despacio de lo que se vacían y apenas me quedan en pie más que una nieta que no está cerca. Todos los que vivieron a mi vera, todos los que alguna vez corrieron a mi lado por la orilla de la playa, siendo niños, han dejado ya de ser.
La soledad me rodea y la única salida es el olvido...

Variaciones sobre una moneda

El céntimo huyó del bolsillo por un agujero disimulado. Desde que había muerto su madre nadie le remendaba los bolsillos y usaba un pañuelo de tela para evitar la pérdida de monedas y llaves. Pero aquel céntimo logró encontrar el camino entre el pañuelo y la tela del bolsillo hacia el agujero. Luego bajó por dentro de la pernera y, tras rebotar en la esquina de la suela, rodó desesperado hacia la alcantarilla.
Julio intentó detenerlo, primero pisándolo para evitar el movimiento; y luego, con el otro pie, cortándole el paso. Pero hay céntimos con decisión que no quieren ser moneda de cambio, y ante la posibilidad de verse de nuevo preso, logró torcer su vertical lo suficiente para girar hacia la derecha y no caer sobre su cara.
El céntimo logró llegar a la boca de la alcantarilla, y mientras caía tal vez pensaba en un reposo eterno, sedimentado entre capas de polvo y basura.
El hombre llegó a casa decidido a coser el bolsillo por si mismo y poner fin a la sangría que amenazaba con empo…

El porqué de la soledad

La soledad es una elección en mi caso. Estoy en posesión del mayor secreto que hasta ahora ha tenido la humanidad. Es una idea, una idea revolucionaria. Una idea que será la base del futuro de la humanidad. Enorme, sublime, sencilla. He dado con la teoría del todo: puedo enlazar a Newton con Einstein, y llevar a ambos más allá de la teoría de cuerdas. Ya no hay misterios cuánticos.
Salvo el de la soledad.

El tesoro

El extraño hombrecillo acudía a ver su caja de seguridad cada semana, invariablemente, cada miércoles, unos cinco minutos antes de cerrar al público. Y todas las semanas había que sortear el mismo interrogatorio: ¿Ha venido alguien para acceder a mi caja? ¿Le piden a todo el mundo el DNI? ¿Y si viniera alguien parecido a mi? ¿Y si trajeran mi llave? A veces las preguntas cambiaban de orden, o cambiaban de forma, aunque en esencia eran siempre las mismas.
Luego se encerraba con su caja y salía al cabo de 5 o 10 minutos con el rostro sudoroso y algo alterado. Hasta que no salía de la oficina lanzaba constantemente miradas desconfiadas al empleado que le acompañaba.
Todos se preguntaban qué sería aquello que guardaba con tanto empeño. La interventora fabulaba con algún tesoro heredado. El cajero pensaba en cartas de amor, de un amor secreto y posiblemente desgraciado. La directora, pragmática, sólo pensaba en venderle un seguro de hogar.
Nadie acertaba. Cuando su sobrina vino al banco a…

Engañados

– Hace tiempo que me he dado cuenta. Tus caricias recorren mis brazos buscando unos volúmenes que yo no tengo, suspiras a menudo y me miras como sintiendo lástima. No lo niegues, estás enamorada de otro, y cualquier excusa que busques sólo añadirá más dolor a mi herida. ¿Creías que no iba a notarlo? ¿Tan ciego me crees? Cuando hacemos el amor tu boca dice mi nombre, pero tus ojos rehuyen los míos... Y eso duele.

– Es cierto; pero no de la forma que tú supones. He recordado al hombre que me enamoró hace 20 años, y he vuelto a soñar con sus brazos fuertes, con su mirada intensa y su capacidad de sorprenderme. Y me he dado cuenta de que ese hombre hace mucho que murió...

– Tú también has cambiado...

–Pero mis sentimientos no.

El despertador

Esta mañana no ha funcionado el despertador, aunque sí que ha sonado. De hecho, estoy soñando... Y no hablo en metáfora. He soñado que el despertador sonaba justo cuando sonaba en realidad y he soñado que lo apagaba y que me levantaba.
Me he vestido y he salido a la calle, pero el sol hoy está un poco más amarillo que de costumbre, y el contorno de las cosas hoy parece menos definido, como si todo estuviera a punto de desbordarse de sus propios límites.
Por eso sé que sigo soñando. Por eso, y porque hoy nadie se ha parado a hablar conmigo, nadie se aparta a mi paso y, sobre todo, porque nadie ha querido cobrarme al colarme en el cercanías.

La redención genética

He tardado 32 años en saber la verdad. Toda mi vida. Para mí es aún un buen momento, pero para ella es demasiado tarde.
Tengo los ojos de un azul profundo, aunque eso no fue lo que me hizo interesarme por la genética. Lo mío es más que una vocación, es una búsqueda de la redención. Nadie la creyó, y mucho menos mi padre, que abandonó el hospital y nuestras vidas nada más verme. Mis abuelos tampoco pudieron creerle. Ni siquiera yo, a pesar que me repitiera casi a diario que había heredado el pelo rubio de mi padre.
Crecí viéndola sufrir, abandonada por todos a los que ella quería. Yo fui su única razón para seguir adelante y también la única causa de su desgracia. Soy un caso entre 1.000 millones, una rareza de la naturaleza que, en realidad, ni siquiera tendría que haber nacido vivo. Soy mi propio objeto de estudio: un blanco de color negro.

Tri-o-dos

Ella clava sus uñas mi espalda, marcándole el ritmo a las caderas; ella gime inmóvil, lánguida y suave. Ella me hace sangrar y el dolor se junta con el placer que de ella obtengo. Ella aprieta su sexo contra mis nalgas, mientras me vacío en el sexo de ella.
Dolor, placer, ama y esclava. Así son ellas.

No es ésta mi piel

La piel que me cubre no es mía. No son míos ni el rostro que veis, ni el color del pelo, ni la sonrisa amplia que observáis. Yo, en realidad, soy mucho más sencillo, más primitivo, apenas una acumulación de gases que se adaptan a cualquier contenedor, pero que se siente mejor cuanto más libre se encuentra. Por eso, cada varios años, siento la necesidad de abandonar el pellejo que me contiene y que vosotros consideráis vuestro amigo y volar libre, expandirme hasta que mis moléculas casi se olviden las unas de las otras, rodear con mi gaseoso cuerpo todo el planeta, y poder contemplar todo el mundo de una sola vez. Así que no os extrañéis si algún día recibís la noticia de que salté al vacío desde alguna azotea. Es la mejor manera de volver a ser yo mismo...

Buscando el Sur

"Tiene que haber una fórmula para viajar al Sur sin moverse de casa", pensó durante años. Luego creyó haberla encontrado a través de la televisión, los documentales e Internet.
Pero aquello no era el Sur. Así qué pensó en recrearlo y batió todas las tiendas de su ciudad buscando los objetos, olores y sabores del Sur. Más tarde, se empeñó en imaginarlo y soñarlo, pero nunca era el Sur de sus anhelos.
Y viajó al Sur.
Pero tampoco era su Sur.

Desventajas de ser ambidextro

La mayor parte del mundo piensa que ser ambidextro sólo tiene ventajas. Yo tambien pensaba así, al principio, cuando esta cualidad me permitía enfrentarme a los copiados eternos de la pizarra sin temor al cansancio en los brazos, o cuando me encontraba solo delante del portero y éste no podía adivinar con qué pierna dispararía.
Pero para tiene un problema que no se compensa con ninguna de las supuestas ventajas, al menos para mí. Y es que cuando me miro al espejo, sobre todo cuando llevo algo en la mano, por un momento, por un instante que se me hace eterno, no soy capaz de distinguir quién de nosotros es real y quién el reflejo.

El Caníbal

Con el hambre agarrada a tus tripas no piensas con claridad, ni te mueves con la suficiente rapidez. Estaba solo, entre dos ejércitos que no me conocían, rebuscando entre los escombros algo que comer. Pero era evidente que alguien con más hambre que yo había pasado antes y era incapaz de encontrar nada. Es en ese momento que probé la carne humana. Bajo los escombros de una tapia derruida vislumbré un pie. Me dio la impresión que era de mujer, aunque no estaba para fijarme demasiado. Tiré de aquel pie para sacar el cuerpo de los escombros, pero no pude moverlo. Me di cuenta de que estaba frío y, por tanto, muerto, aunque aún el olor a podredumbre no había sido capaz de vencer al de la guerra. Entonces lo vi, casi enterrado por los cascotes de la pared: un chusco de pan, una joya para un hambriento. Apenas lo sacudí un poco, con ansia me llevé el pedazo a la boca y lo mordí con fuerza. Junto con el tacto del pan en mi boca, noté un intenso dolor en la mano. Me había seccionado el dedo. D…

El juego

– ¡Vamos! Amárgame el día...
– Era alégrame el día...
El disparo ha interrumpido la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios.
– No puedo con los que siempre andan corrigiéndolo todo. ¡Y no era desconocimiento, era sarcasmo! Imbécil...
Otro cargador. Y van tres. La puerta del gimnasio está abierta, y puede que haya mucha gente escondida dentro. A estas horas todo el centro sabe que hay un tirador dentro. Se encamina hacia allí.
– ¡Ha llegado el barrendero! ¡Es la hora de la limpieza!
La limpieza ha supuesto dos cargadores más. Han sido más balas que impactos, eso baja la media.  Las sirenas de la policía atronan por encima del ruido de su respiración. Último cargador. Lo justo para acabar con los más cercanos a la puerta, proveerse de nuevas armas, acaso un coche patrulla y huir provocando el caos a su paso por las avenidas del centro de la ciudad. Se imagina el helicóptero siguiendo la persecución y su imagen en todos los telediarios del país. Sonríe.
– ¡Vengo a sacar la mierda…

El rincón de soñar

La montaña se ha movido. Ha sido sólo un instante, pero toda su masa se ha desplazado unos metros hacia la derecha. O a lo mejor sólo han sido unos centímetros. Pero cosas así pasan a diario, cada vez que me asomo por esta ventana. Sí, es la misma ventana por la que vi la desaparición de Pompeya. También contemplé por ella el primer instante del Universo. Y el momento de mi muerte, dentro de unos 20 ó 25 años.
Vengo a este sillón a diario. Primero miro hacia allí, al lomo de ese gran león dormido que es el Peñón y me concentro en las nubes que ascienden desde la vertiente de Levante. Comienzo por buscar imágenes conocidas en las manchas blancas. Pero luego la ventana empieza a mostrarme todos los sueños en los que pienso despierto: un primer beso que nunca fue, una novela que tal vez algún día sea, decenas de amaneceres extraños y viajes propios de un aleph. Vengo a soñar, sí; pero hoy juraría que se movió la montaña.