Ir al contenido principal

Dédalo

Las bibliotecas son un universo particular, con sus propias reglas, mitos y héroes. Son lugares dónde prácticamente nada ocurre y sin embargo todo pasa.
La mía, la biblioteca pública dónde pasaba las horas muertas engañándome a mí mismo y permutando con una naturalidad pasmosa los apuntes de Derecho Canónico por los cómics europeos del final de la estantería, era un auténtico dédalo.

Quizás mi Minotauro no tuviera una apariencia poderosa, quizás sólo pareciese un funcionario con ojos de topo y la barbilla hundida. Pero encontrarlo agazapado tras una esquina, esperando el momento preciso en el que colocabas un libro en un estante incorrecto para caer furibundo sobre ti transmutándose en bestia era absolutamente terrorífico.

Y puede que mi Aridana fuese tan sólo la chica rubia y absurdamente degalda que siempre se entretenía entre las guías de viaje, acariciando los lomos de aquellos libros que hablaban de lugares donde nunca estaría, pero el sutil rastro de su perfume era el hilo que me rescataba, tarde a tarde, del laberinto implacable de la monotonía.

Comentarios

Sayonara ha dicho que…
Plas, plas, plas...
Soberbio.

Entradas populares de este blog

El niño y el recuerdo

El recuerdo botaba en el umbral del patio. El niño se acercó a él con decisión y de una patada lo embarcó en el terrado. Allí quedó olvidado por veintitrés años, hasta que un viento de Levante especialmente intenso lo volvió a traer al suelo. Y el niño, ya hombre, sintió de golpe una laceración en el alma. Quiso volver a olvidar, pero fue imposible porque ninguna patada lograba ya que aquel recuerdo abandonase el patio de su memoria.

20x20x20

Entras en la sala a oscuras. El proyector dispara su haz cegador contra una pantalla blanca en la pared continua a la puerta. No puedes verles, pero sabes que todos te están mirando. Lanzas tu presentación a la pantalla y comienzas el discurso. El diagnóstico es sencillo, pero seguro que has descolocado a alguien con el tema de los nuevos perfiles de clientes. Las diapositivas van cambiando solas: te ha costado ensayar durante todo el fin de semana, pero das por seguro que ha merecido la pena. Imaginas sus caras sorprendidas, incluso alguna un poco fastidiada. Llegas a las conclusiones y preguntas: “¿alguna pregunta?”. Nadie responde; como siempre. Luego llegará un correo de algún valiente que se atreverá a puntualizar algo. Una chorrada menor, seguro. Hoy te has lucido, has cumplido la regla de los 3x20 a rajatabla: 20 minutos, 20 diapositivas y no más de 20 palabras por diapo. Apagas el proyector y buscas a tientas el interruptor de la luz. Entonces te percatas. no hay nadie, y en l…

Soñar con la Atlantida

Toda su vida había sido una espiral de sucesos que se alejaban para luego acercarse al tema central de su Universo: la Atlántida. Desde que escuchó el primer cuento sobre ella, narrado por su abuelo, supo que irremediablemente estaba atrapado por su búsqueda. Lo leyó todo, desde la descripción idealizada de Platón, hasta las versiones más disparatadas de los grupos herméticos.

Había visitado todas las posibles Atlántidas de la Tierra y había coleccionado cuanto documental, libro o folleto turístico que se había cruzado en su camino. Lo sabía todo sobre esa nación, lo posible y lo imposible y, aún así, la seguía buscando porque soñaba con ella todas las noches.

Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…