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Homo incredulus

Fue el arqueoantropólogo e historiador Daniel J. Gómez von Steinhart quien en su trabajo seminal de 4627 estableció la teoría del salto evolutivo desde Homo sapiens. Como en otros momentos de la prehistoria en nuestro género, las principales palancas habrían sido el desarrollo de una nueva tecnología y la adaptación cultural a ella. 

Según el profesor Gómez, en algún momento entre finales del segundo milenio y comienzos del tercero, el desarrollo de una embrionaria red neurosocial, entonces basada en protocolos de comunicaciones sencillos, propició una explosión de relaciones interpersonales y multidirectionales. El sistema de organización económica de entonces propiciaba modelos de acumulación de poder-riqueza en pocas mentes, lo que motivó, por un lado, el desarrollo de una élite tecnodesarrollada que intentó subyugar a las antiguas élites políticas y económicas, usando para ellos las capacidades de multiconexión que apenas comenzaban a vislumbrarse. Por otro lado, la hiperconectividad, en unos homínidos muy sociales pero apenas adaptados a la era digital, propició la generación de mensajes erróneos, malévolos o directamente falsos que procuraron un entorno social enrarecido y altamente polarizado.

Fue este ambiente el que dio lugar a lo que denominamos los siglos oscuros, caracterizados por enfrentamientos sectarios de toda índole: cristianos contra musulmanes, occidentales contra orientales, blancos contra negros y amarillos, liberales contra socialistas, liberales y socialistas contra fascistas, fascistas contra posfascistas, orientales contra posfascistas o veganos contra omnívoros.

De todo aquel caos y muerte emergió un nuevo tipo de humano, mucho más social, pero mucho menos permeable a las ideologías. Por tanto, estos seres eran menos proclives a los enfrentamientos, por lo que sus tasas de mortalidad también eran más bajas. Así, con el paso de los milenios, el Homo sapiens fue dejando hueco al nuevo Homo incredulus, ganando por el camino algo más de volumen encefálico y perdiendo algunos elementos del todo punto prescindibles como el gusto, el oído o el tacto.

Obviamente, esta no es más que una infrateoría científica que, en cualquier momento, puede ser superada por alguna otra de mayor poder expansivo.

Imagen creada con IA: Dall-e 3.0








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