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El castillo

Desde hace días es su único entretenimiento. Las horas de permanencia en la celda se van en dormir y edificar con la baraja incompleta torres de naipes. Ha ensayado diferentes fórmulas de montaje, pero todas terminan vencidas por el peso, por las corrientes o por el temblor incipiente de sus manos. Y cada vez que ve caer el castillo no puede evitar en pensar que esa débil estructura que se desmorona no es más que una metáfora de su propia vida: un día saliendo en los informativos como hombre de Estado, casi un héroe, y 6 años después saliendo en los informativos esposado y camino de la cárcel.
Solo el preso con el que comparte celda parece haberse dado cuenta. En más de una ocasión le ha visto escrutar su rostro mientras los naipes caen. Por eso es él quién rompe la magia de la metáfora perfecta: "los castillos de naipes se pueden volver a edificar, pero con las vidas eso es práctica,ente imposible".

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