Una miríada de electrones debieron recorrer su cuerpo cuando rozó el extremo pelado del cable. Lo que vendría después ya lo conocía: el brazo adormecido, y un cosquilleo que poco a poco iría apagándose. Quiso concentrarse en aquel preciso instante, ser capaz de diseccionar luego aquellos segundos en momentos y lograr discernir si a lo largo de ellos, su vida llegaba a pasar delante de sus ojos. Pero, como siempre, lo único que sus ojos percibieron fue el rápido fundido a blanco previo a la pérdida del sentido.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
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