Durante generaciones ella y sus antepasados habían vivido a la sombra de la gran casa. Para ellas, un auténtico oasis en medio del implacable desierto, a pesar de los perros, los gatos y las trampas con los que los humanos de la casa intentaban acabarlas.
A pesar de ello, en cuanto el viento de su desgracia comenzó a soplar, lo notó en lo más profundo de la espina dorsal. Y cuando el viento tiró el candil que prendió la cortina en la que se inició el incendio más pavoroso que jamás registraron las crónicas de la villa, ella ya estaba corriendo hacia la noche profunda y fría del desierto, sabiendo que desde ese mismo instante su vida no volvería a ser la misma.
Vaya mierda de noche que he pasado. Podría haber contado las vueltas que han dado las aspas del ventilador del techo a poco que me hubiera esforzado. Eso si no hubiera pasado las horas repasando los números una y otra vez. En los costes no me he equivocado, estoy seguro. Serán más o menos los que he calculado. Pero el problema son los ingresos, los putos ingresos. Vete tú a saber si mis estimaciones son realmente objetivas o solo son el reflejo de mis deseos, como tantas veces les he dicho a los clientes en el banco. Imagen creada con Copilot Tal vez tendría que haberme quedado donde estaba, de ocho a tres, con mi mes de vacaciones pagadas y un horizonte profesional razonablemente estable de aquí a la jubilación. Es lo que les hubiera gustado a mis padres. Y a mis hijos. Dicen que estoy loco, que ya no soy un niño, que debería estar pensando en la jubilación y no en aventuras empresariales disparatadas. Qué cómo se me ocurre a mis 58 años. Lola incluso me acusa de no querer dedica...

Comentarios