Baja del coche. Se acerca al borde de la carretera y salta el quitamiedos. No corre, aunque cree que su vida depende de la prisa que se de.
Hace un par de horas estaba aún contemplando su reloj, pendiente de la hora de salida, pensando en el fin de semana. Sin embargo, unos segundos antes de salir, cuando ya estaba el ordenador apagado sonó el teléfono. La voz amenazante le dijo lo que tenía que hacer si no quería morir. Nada más colgar una bala atravesó el cristal de su ventana y fue a incrustarse en el retrato de su novia.
En el trayecto ha ido pensando cómo se ha podido meterse en este problema, o quién le está haciendo esto. Está asustado, tanto que no ha sido capaz de huir, de salirse de la autovía y desaparecer.
Ahí está, caminando en dirección sur apretando el paso para cumplir el horario. acercándose a la casa. En la puerta tiene el corazón en un puño: el picaporte se mueve sin problemas y la hoja se mueve dando paso a la oscuridad. En ese instante, se cree muerto.
¡Felicidades! Grita un coro de voces conocidas y entonces recuerda sus cuarenta años. Un alivio de muerte.
Vaya mierda de noche que he pasado. Podría haber contado las vueltas que han dado las aspas del ventilador del techo a poco que me hubiera esforzado. Eso si no hubiera pasado las horas repasando los números una y otra vez. En los costes no me he equivocado, estoy seguro. Serán más o menos los que he calculado. Pero el problema son los ingresos, los putos ingresos. Vete tú a saber si mis estimaciones son realmente objetivas o solo son el reflejo de mis deseos, como tantas veces les he dicho a los clientes en el banco. Imagen creada con Copilot Tal vez tendría que haberme quedado donde estaba, de ocho a tres, con mi mes de vacaciones pagadas y un horizonte profesional razonablemente estable de aquí a la jubilación. Es lo que les hubiera gustado a mis padres. Y a mis hijos. Dicen que estoy loco, que ya no soy un niño, que debería estar pensando en la jubilación y no en aventuras empresariales disparatadas. Qué cómo se me ocurre a mis 58 años. Lola incluso me acusa de no querer dedica...
Comentarios
Un saludo
Buen relato.
Un saludo.