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La entrevista

Mientras Olga avanzaba hacia la puerta indicada, desvió su atención para admirar el pulcro reflejo de su silueta que la acompañaba y que con tanta claridad se dibujaba sobre la superficie de aquel inacabable pasillo. Pensó que nunca ella había logrado ese brillo tan nítido en sus suelos. Claro, tampoco ayudaban la pequeña Elsa con sus vomitonas espontáneas ni el niño Alvarito con su complejo de reptil.
-¿Señora Olga Ramírez? Encantado. Póngase cómoda. Está en las mejores manos de "ANG Consulting". Conocemos todo de esta gran familia que formamos.
Fue difícil aparentar comodidad con aquellos tacones de aguja que no se calzaba desde la comunión de Alvarito y aguantar la mirada de un par de niñatos que no paraban de demostrar todo lo que creían haber aprendido en sus másteres.
-...en realidad, Olga, buscamos a alguien con total dedicación y más experimentado en nuevas tecnologías...
-Entonces..., no me contratan -les interrumpió Olga más afirmando que preguntando.
Mientras se levantaba, buscó la puerta de salida del diáfano despacho con inmejorables vistas. Antes de girar el picaporte, se volvió y les espetó:
-¿Puedo preguntarles cómo puñetas consiguen ese blanco inmaculado en los suelos?

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