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La infestación

Nunca antes España había sufrido una peste como aquella. Primero fueron las clases más desfavorecidas, pero poco a poco el mal se fue extendiendo a toda la población. Los médicos no podían explicar el porqué del rápido avance y apenas fueron capaces de encontrar el vector que propagaba la infección. Los gobernantes primero intentaron culpabilizar a los propios enfermos y luego a una seguridad social hipertrofiada e ineficiente. Tan solo el arzobispo de Cuenca, en un arrebato de brillantez, fue capaz de relacionar la peste con un mal moral, con una sociedad enferma en su conjunto. Pero el Vaticano se encargó de silenciarle a petición del Gobierno. Y la peste se hizo endémica en el país. Y los médicos siguieron sin poderla explicar.

La mazorca

Le había costado verla, tal vez porque había crecido lejos de las otras. Era posiblemente la última mazorca de la Tierra, al menos de la tierra que él conocía. Sopesó guardar los granos y sembrarlos, así habría más maíz la próxima vez que pasase por allí. Pero pensó que algún otro merodeador podría descubrirlo antes, o algún animal salvaje. Y él tenía hambre en ese instante. Comenzó a mordisquearla al tiempo que sus pensamientos se centraban de nuevo en el camino.

Todo a un euro

Aquellos ojos rasgados le atraparon la primera vez. Por ellos estuvo acudiendo a la tienda a comprar cosas inútiles entre una y dos veces por semana. Por ellos se apuntó a una academia de chino para poder decirle algunas palabras en su propio idioma. Por ella comenzó a leer libros de maestros orientales, y comenzó a hablar como Paulo Coelho. Por ella imaginó abandonar su vida, su trabajo y su familia. Por ella lloró cuando cerraron la tienda. Con ella se le fue el valor y cuando le preguntaron por sus lágrimas solo pudo responder: "¡cómo no será esta crisis que hasta los chinos acaban quebrando!"

Autoestop

La conversación era a ratos inconexa, pero lo achaqué a lo temprano de la hora y los ruidos del viejo coche. A duras penas supe que era médica, que iba camino de Jaén a hacer un curso de formación continua y que su hija había comenzado medicina, aunque abandonó el primer año. La llevé hasta el cruce de Dólar y allí me hizo parar. Quedé a un lado de la carretera con los cuatros intermitentes encendidos. Salió del coche otra vez con el chaleco reflectante ya que iba a parar "a otro paciente". Y yo me quedé pasmado y con una extraña sensación de dejavù.

La revolución China

Para él la auténtica revolución fue el comienzo de los descubrimientos chinos. Fue en ese país en el que apareció la confirmación de los dinosaurios emplumados. Fue en China y en sus pequeños dinos donde primero se vió la conversión en aves. Por eso había luchado tanto para llegar a excavar allí. Su sueño era sencillo, tan solo un nombre. La especie era lo de menos, lo importante es que llevaría su apellido y quedaría inmortalizado en ese otro registro fósil que es el de los nombres científicos de los animales. Aquella especie de paloma pequeña, de plumas grises, un arcaico pico y sin apenas dientes podía ser su entrada a la eternidad. Ya no sentaría las bases de un nuevo pardigma, pero había obtenido su botin de guerra en aquella revolución incruenta.

El libro ya está en el escaparate

No más de 15  ya no es solo un blog. Ahora también es un libro. Hemos recopilado los mejores relatos publicados entre marzo de 2007 y junio de 2015. Muchos de ellos han cambiado un tanto. Algunos han cambiado mucho. Y unos pocos son irreconocibles. El libro ha sido editado por  Hogarth Press Ediciones , una "editorial de autor" que creyó que podía ser una buena idea reconvertir todos esos microrrelatos nacidos por y para la Red al viejo soporte de papel. Mentiría si dijera que no me hizo ilusión: ver tu obra en un escaparate es algo que impresiona. Y mucho. Así que si te han gustado los cuentos que has leído, o deseas guardar una copia de seguridad para siempre, te agradecería que lo compraras. El editor y yo esperamos que os guste el trabajo que hemos realizado.

Un semáforo en rojo

Para su desesperación, el semáforo se puso en rojo. Dudó unas décimas de segundo si saltárselo, pero una prudencia innata heredada de su abuela materna le retuvo. Era el semáforo más lento del trayecto. En los últimos meses los había cronometrado todos, incluso descubrió que circulando a 50 y pasando el de la Calle Mayor recién cambiado, era posible llegar sin interrupciones. Pero esa mañana la Calle Mayor estaba colapsada y parecía que todos los conductores de la ciudad se habían puesto de acuerdo para estorbarle y retrasarle. Para tardar lo menos posible, se fijó en el indicador de los peatones; sabía que cambiaba a la vez que el suyo, pero que antes parpadeaba unos segundos. Él los aprovecharía para pisar embrague y meter la primera.Aún así tTardaba demasiado, más que cualquier otra mañana. Comenzaba el parpadeo del peatón verde cuando sonó el aviso del Whatsapp. Desbloqueó el terminal olvidándose del tráfico y la observó emocionado. La foto de su hija recién nacida le hizo llorar d...