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Buscando trabajo

— Dice aquí que ha sido ángel custodio. Imagino que quiere decir escolta, ¿no es cierto? — Sí, pero eso fue hace mucho tiempo. Casi una eternidad. — Ya veo. ¿Y por qué lo dejó? ¿Por lo de ETA? — Lo dejé mucho antes, digamos que por desavenencias con mi jefe. Luego quise montar mi propio negocio, pero él me llevaba ventaja y sabía utilizar el marketing como nadie. Prácticamente tiene un monopolio, aunque usa diferentes marcas para llegar a más segmentos. — Interesante, ¿así que también ha sido emprendedor? Esto es algo que ahora se valora mucho, sobre todo por los políticos. No le extrañe que le pidan hacerse una foto con usted si alguno se entera. — Ya, bueno. Pero lo que yo busco es trabajo, no fotografiarme. Tengo amplísimos conocimientos en multitud de temas: armas físicas y biológicas, lenguas semíticas, psicología... — ¿Qué no tiene títulos para certificarlo? ¿Ni siquiera uno de CEAC? Le advierto que sin ellos es como si no tuviera nada. De todas formas, como usted sabe, ahora...

Follamos

Follamos. El deseo, la desesperación y la urgencia nos impidieron hacer el amor. Los besos rozaban el mordisco y las caricias se quedaban atrancadas en pellizcos de carne, como si temiéramos que el otro pudiera salir corriendo en cualquier momento. La vendedora tal vez pensó que era buena idea que viésemos la casa a la vez, tal vez creyó que así nos decidiríamos antes o que las pujas serían mayores. Seguramente no se le ocurrió que la solitaria silla de la cocina terminaría convirtiéndose en el improvisado soporte de nuestra pasión. Follamos. Y luego, agotados por el deseo, la desesperación y la urgencia, cada uno se volvió a perder en su vida. Por eso no compré la casa.

El lunático

El lunático subió el segundo peldaño. Abrió los brazos y comenzó a gritar: "lo veo todo muy pequeño, los árboles son manchas de color en el prado y nosotros apenas unos puntos". La gente se arremolinó a su alrededor y comenzó a reírse de sus desvaríos. "Estoy en el campanario y tengo hambre. Veo las manzanas de Abel. Cogeré una". Un grito de águila se elevó sobre las risas y una flecha alada robó de la mano de Abel una de sus manzanas. Sorprendidos, los que antes le señalaban comenzaron a retirarse asustados. "Soy un águila".

Revolución

El ministro sudaba copiosamente mientras el rey desgranaba un largo rosario de supuestas deslealtades, engaños y traiciones. Veía a los alguaciles situados cerca y sabía que el siguiente paso sería su detención y, en el mejor de los casos, el destierro. El rey quería cargar sobre él todo el malestar del pueblo. A medida que avanzaban las acusaciones, el círculo que se abría a su alrededor era más grande y sus hasta ahora leales le iban dando la espalda. Sin embargo, el escándalo que subía de las calles era cada vez más rotundo. El rey hablaba a la Corte, pero era el pueblo el que se quejaba. Y nadie excepto él parecía darse cuenta de su gran ventaja: eran más, infinitamente más. La sentencia del rey habría de cumplirse de inmediato, la horca. Seguramente, si no hubiera sido tan pusilánime, lo habrían colgado allí mismo de una de las grandes arañas de cristal de Murano. Le estaban apresando cuando la primera piedra atravesó los cristales.

Un principio y un final

"Los gigantes juegan a los dados con nuestro destino". La frase la había leído en el argumento de una película de serie B, pero le pareció que tenía gancho y que podía ser el comienzo de un buen relato. Por eso la guardó en un recoveco de la memoria hasta ahora. El final también estaba pensado: "porque el azar puro no puede existir en este Universo". Universo con mayúscula, para darle un sentido más amplio y trágico al gran cierre. Esa, en esencia, era la idea: construir una novela, la mejor novela del siglo XXI, partiendo de un principio y un final predeterminados e ir dejandose llevar por donde su instinto le indicase en cada momento. "Los gigantes juegan a los dados con nuestro destino, pero cualquier dado siempre está cargado. Por eso a veces, una misma jugada incumple su probabilidad teórica de ocurrencia y nos permite eludir por unos instantes las reglas de su juego."

Ventaja de viajar en tren (aunque no tan buena como las de Orejudo)

El tren tiene algunas ventajas que solo el viajero atento puede percibir. Sobre todo cuando se trata de grandes distancias. El que une Madrid con la ciudad de Almeria, por ejemplo, es una pestosa caja de cerillas en la que los viajeros se cuecen a fuego lento en la lenta tarde de verano. Ir en clase turista (es posible que no haya otra) implica mezclar los olores de tu sudor con los del resto, creando una comunidad de seres húmedos, cansados y lentos que miran el paisaje o la pantalla (la suya o la común) y que añoran el final del trayecto. Y esa es la ventaja más evidente. A lo largo del viaje, los anhelos de todos los viajeros convergen en un único y omnipresente deseo: llegar.

1000

1.000 veces. La primera vez que la vio, o que se fijó en ella, le llamaron la atención sus ojos verdes, con resplandores amarillos en torno a las pupilas: ojos de ángel o de demonio.  De aquello hacía casi tres años. Todas las mañanas de los dos primeros, a las 7:45 en la estación de Nuevos Ministerios. Ella se bajaba en Campo de las Naciones y él continuaba hasta laT4. Pronto, las miradas fugaces de primera hora de la mañana no eran suficientes y comenzó a probar distintos horarios de regreso, pero nunca logró coincidir. Hasta que la empresa perdió la concesión y el perdió su trabajo. Entonces pudo dedicar todo un año a elaborar un detallado horario de sus rutinas diarias. Bajaba en el Campo de las Naciones y luego continuaba caminando por Ribera del Loira durante unos 15 minutos. Los martes y jueves, usaba la pausa del almuerzo para ir a un gimnasio cercano y regresaba normalmente a eso de las 17:30, salvo que se quedara hasta un poco más tarde o que fuera viernes, día en el que ...