Primera escena: un primer plano de su rostro, con la tensión reflejada en el maxilar. Abre plano y se ve cómo el coche que pilota va ganando velocidad. La cámara avanza unos segundos con el coche y luego pasa a enfocarlo por detrás. Su mente de director imagina el final de una película. Cambio de plano: el coche va ahora hacia la cámara. Entre ellos un quitamiedos y un precipicio. El enfoque se olvida del coche y nos muestra las piedras puntiagudas del fondo. Plano lateral: el coche atraviesa el quitamiedos a cámara lenta. Zoom sobre la cara de nuevo. Ahora ya no hay tensión, pero se ve claramente el abultamiento en la cabeza: el espectador debe entender el desenlace. Se abre plano y el coche cae a velocidad normal sobre las rocas. No hay explosión, esto es la realidad. Fundido a negro.
No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...
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