El avión se mueve violentamente. No son turbulencias, el avión pierde altura rápidamente y los viajeros gritan aterrados. La azafata pregunta si alguien sabe pilotar. El pánico se convierte en un pasajero más.
Yo sé, al menos en ese sueño sé. Acompaño a la azafata hacia la cabina. A la entrada hay un hombre atado de pies y manos que tiene mi misma cara. Y dentro puedo ver al piloto con una gran herida abierta. Cojo los mandos y sin tener claro cómo, consigo aterrizar.
Siempre me despierto en la celda encharcado en sudor sin saber aún por qué nunca logro soñar que soy el secuestrador.
Comentarios