Ir al contenido principal

El fetichista cúbico

Pasear es un entretenimiento muy aburrido, a no ser que se haga por un objetivo más elevado, como renovar el vestuario, despellejar a media escalera o poner coto al colesterol. Y, a veces, ni aún así.
Mi caso, como el de muchos, tenía que ver con los malditos triglicéridos, que aún no sé que son, pero sé que no son buenos.
Comencé a dar largos paseos por la ciudad, con una querencia casi natural hacia la orilla del mar. Al principio me entretenían los paisajes pausados de la propia urbe, tan extraños para un animal sedentario como era mi anterior yo. Pero pronto los árboles mecidos por el viento y las nubes de formas caprichosas me comenzaron a hartar. Afortunadamente, una moda nueva vino en mi ayuda. Por aquel entonces, con la excusa de las transparencias, las mujeres comenzaron a llevar tanga y me sorprendí a mi mismo intentando averiguar si las paseantes con las que me cruzaba lo portaban o no. Mis ojos se especializaron en dicha materia y expertos escudriñaban en la parte alta de los glúteos, buscando la sombra triangular que confirmara mis sospechas. Al final, incluso eso dejó de ser necesario y el propio movimiento al caminar de la pieza observada ya me daba la clave de su ropa interior. Volví a aburrirme.
Ahora ya no me fijo en las mujeres, sino en los hombres que se fijan en las mujeres. Otros que, como mi yo anterior (pero menos), se dedican a escudriñar los culos ajenos en busca de la prueba de un tanga. Los adivino en la distancia, siempre manteniéndose unos pasos por detrás de la presa, observando las redondeces sospechosas y enunciando una sonrisa pícara cuando la pesquisa termina con éxito. Y, cuando ellos sonríen, sonrío yo también y marco una nueva muesca mental en la culata de mi pistola imaginaria.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El oasis maldito

Durante siglos, los tuaregs han contado la historia del oasis maldito. Con pequeñas diferencias, a lo largo de generaciones han narrado que existe un oasis que cada cien años, o cada 50, o cada 25, emerge desde debajo de las arenas. O viaja sobre las dunas móviles, empujado por el viento. O, simplemente, se materializa. También hay variaciones con los protagonistas. A veces son caravaneros, cada vez menos; otras, un jinete perdido en medio de una tormenta o, últimamente, algún piloto del París-Dakar extraviado. Solo se mantiene sin variación la consecuencia de entrar en su dominio. Una vez que has probado su agua, estás perdido. Si bebes y te marchas, acabarás muriendo de sed en el desierto, porque fuera del oasis la deshidratación se acelera y ninguna otra cosa que puedas beber te saciará. Pero si bebes y, además, pernoctas, entonces te quedarás para siempre, atrapado en el tiempo, condenado a una eternidad de soledad con el único alivio de poder calmar la sed.   Foto: @DUA Es una...

Un error de cálculo

No quedaba nadie a quién informar de su descubrimiento, tampoco había nadie que quisiera escucharlo. Todos habían vuelto a casa para celebrar con los suyos que la humanidad había escapado por los pelos de una extinción masiva. Los cálculos previos realizados por la IA especializada de la NASA habían sido corroborados por los hechos por la europea y por la japonesa. El meteorito no chocaría contra la Tierra. Pasaría muy cerca, eso sí, generando algunos fenómenos extremos en el clima y en las mareas. Unas consecuencias en cierto modo terribles, pero nada comparado con la desaparición de la especie humana. Imagen creada con GPT Nadie se había molestado en revisar aquellos cálculos. Simplemente se los creyeron. Pedro Atacama, ingeniero especializado en trayectorias orbitales, un inmigrante de segunda generación que había logrado sobresalir gracias a su facilidad para las matemáticas, era la única persona en el planeta consciente de lo cerca que estaba el final de todo. Él había participado...

Confesión conspiranoica

Yo empecé en esto de las conspiraciones por puro azar, pero he de reconocer que de niño ya apuntaba maneras. Vale que no existían las redes sociales, que lo amplifican todo enormemente al multiplicar la audiencia potencial, pero el patio del colegio podía funcionar como un pequeño twitter a escala. Creada con ChatGPT Debía estar en quinto o sexto de EGB y acababa de leerme la Isla del Tesoro. Lógicamente, me encantó y, entre otras cosas, me quedé con el detalle del mensaje que anunciaba la muerte del viejo pirata. Era enormemente dramático. Y se me ocurrió una historia que puse en práctica en el colegio al día siguiente. Fue mi primera conspiración viral: la maldición de la mano negra. Era una tontería, pero es que una conspiración no tiene por qué parecer inteligente; de hecho, la estupidez aporta credibilidad: ¿quién se va a inventar una imbecilidad como esa? Si la gente la cuenta es porque tiene que ser verdad. La maldición de la mano negra conllevaba enormes desgracias al portador ...