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La bestia

¿Le estaba mirando? Si, le miraba. No podía estar seguro de si era un hombre o un Dios.
Llevaba rato mirando a esos seres que habían bajado de una enorme canoa, mucho más alta y larga de lo que cualquier árbol o piel de animal de los que él conocía podría dar lugar. Al principio le parecieron hombres, pero luego, algunos de ellos se pusieron unas vestimentas que brillaban al sol y se subieron encima de unas criaturas de cuatro largas patas desconocidas. No había lugar a la duda, eran dioses. Poco a poco se fue acercando, y cuando se aseguró haber sido visto por el ser de brillantes vestimentas, se puso en pie y acudió corriendo hacia él para postrarse a sus pies.
Pero, antes de llegar a su altura, el dios le señaló con un bastón del que salió un poderoso rugido. Cayó al suelo lamentando que la muerte le viniera tan de repente, sin dejarle tiempo para dar la gran noticia a su pueblo.

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