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El juego

– ¡Vamos! Amárgame el día...
– Era alégrame el día...
El disparo ha interrumpido la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios.
– No puedo con los que siempre andan corrigiéndolo todo. ¡Y no era desconocimiento, era sarcasmo! Imbécil...
Otro cargador. Y van tres. La puerta del gimnasio está abierta, y puede que haya mucha gente escondida dentro. A estas horas todo el centro sabe que hay un tirador dentro. Se encamina hacia allí.
– ¡Ha llegado el barrendero! ¡Es la hora de la limpieza!
La limpieza ha supuesto dos cargadores más. Han sido más balas que impactos, eso baja la media.  Las sirenas de la policía atronan por encima del ruido de su respiración. Último cargador. Lo justo para acabar con los más cercanos a la puerta, proveerse de nuevas armas, acaso un coche patrulla y huir provocando el caos a su paso por las avenidas del centro de la ciudad. Se imagina el helicóptero siguiendo la persecución y su imagen en todos los telediarios del país. Sonríe.
– ¡Vengo a sacar la mierda! –Ha abierto la puerta de una patada. Espera que la sorpresa juegue a su favor. Pero un tiro le ha impactado en medio de la frente. –No habrá helicóptero...

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