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Un autor poco original

– Esto es absurdo. – ¿Lo es? – Claro que lo es, ¿dónde se ha visto que un personaje y su autor mantengan una conversación? – Pues se ha visto en numerosas ocasiones, por ejemplo en... – Vale, vale, ¿Y en cuántas de ellas el personaje apuntaba al autor con una pistola? – Creo que también se ha hecho, no soy muy original. – Es absurdo, ¿cómo voy a ser una amenaza si cada palabra que digo es tuya? Y, además, no soy real. – Bueno, sí que eres real. Si yo creo que existes, si yo te veo, y si soy capaz de dejarte actuar por tu cuenta, entonces... – Ya, claro, existo. Y si yo apretara el gatillo de la pistola que has imaginado, se supone que recibirías un tiro... Probemos... PUM – ¡Maldita sea! ¡Me has dado! ¿Y ahora cómo explico yo esto en el hospital?

Un muerto sin memoria

Una vez salí del agujero y recorrí la tapia hasta dar con la puerta del cementerio. Así confirmé que mi tumba no estaba dentro, y comprendí porqué no había lápida en ella. El agujero de mi calavera puede que sea la razón de mi falta de memoria. En cualquier caso sé que estoy muerto, que habito una tumba anónima y que no recuerdo nada de mi vida. A veces llegan hasta mi fosa las voces de los muertos al otro lado de la tapia. Se nota que ellos si saben quienes son. Se pasan las noches discutiendo sobre si el purgatorio existe o no, y si era peor la vida o esta muerte. Y la víspera del día de los difuntos cruzan apuestas sobre el número de visitas o de ramos que logrará cada uno. A veces he estado tentado de atravesar la tapia y relacionarme con ellos, pero siempre me he echado para atrás en el último momento, siendo éste un gesto que no sé si corresponde con mi forma de ser en vida o es un añadido que me sobrevino con la muerte. Es lo malo de ser un muerto sin memoria.

Una espada sin afilar

Imagen: www.tienda-medieval.com Ella se empeñó en guardar la espada con la que cortamos la tarta nupcial. Luego la achicó en un armario cualquiera y hasta hoy no la he vuelto a ver. Ha sido tras el ofrecimiento involuntario a ayudar en la mudanza. Envuelta en un par de trapos de cocina viejos. Es una espada triste, sin un filo con el que abrir una herida, una espada ceremonial, de un sólo uso: inútil. Pienso en las catanas de adorno, esas que proliferaban en los despachos de los yupis de los 80. Ellas al menos quedan expuestas en sus hermosas fundas de bambú. Ésta, de poder hacerlo, las envidiaría. No obstante, en su alma debe anidar el deseo de matar. Un golpe fuerte con ella podría ser letal, si es en la cabeza. También podría llegar a atravesar un cuerpo, si se lanzara una estocada con la suficiente fuerza y la víctima se encontrase contra una pared. La meto en la caja correspondiente no sin antes pensar en qué diría mi suegra, si pudiera: "límpiala antes de guardarla, qu...

El último Arca

Un arca. El ARCA XXXIV, el último de su clase. Miles de embriones humanos y de animales, un banco de semillas y todo el conocimiento de la Humanidad en sus discos duros. Un sólo cerebro despierto, integrado en la CPU de la nave. Apenas un resquicio de lógica humana en medio de un complejo sistema de condicionantes mecánicos, eficientes pero huérfano de creatividad. A medida que el enfriamiento del Universo era más evidente, comenzaron los planetas humanos a mandar Arcas en todas direcciones, con la esperanza de encontrar nuevos sistemas en los que replicar nuestros mundos. Esta nave fue enviada al centro del Universo, considerando que el enfriamiento llegaría más tarde aquí y que sería posible extender la historia humana hasta el último segundo del Universo. Mi tarea como cerebro humano central es servir de nexo de unión entre los mundos originales y los nuevos que se creen a partir del material genético almacenado en el Arca. Pero circular por el Universo durante tantos años me ha lle...

El aroma de la juventud

Entraba con ella un suave aroma floral, fresco y juguetón. No se trataba de un perfume, era más sutil, era suyo. Era la definición olorosa de la inocencia, de la felicidad, de la falta de malicia y de maldad. Era la juventud. Entonces deseé que ese olor no se le fuera nunca. Que no tuviera que vivir decepciones, que la muerte no minara su optimismo. Que la mentira no la alcanzase nunca. Pero sabía que aquello era imposible. Lo único que yo podía hacer era olfatearla profundamente cuando pasase a mi lado. E intentar que su recuerdo perdurase para siempre en mi memoria.

Nadie ha hecho por la muerte tanto como yo

– He matado a miles. He creado armas atroces, pensadas para sembrar el pánico. He contribuido al estallido de revoluciones, a la caída por igual de democracias y dictadores... Nadie ha hecho en este siglo por la muerte tanto como yo. ¿Por qué entonces me buscas con tanta insistencia? – Me da igual quién hayas sido y la de almas que me hayas servido. Sólo sé que tu tiempo se ha terminado...

Sobrecapacitado

– Su currículum es impresionante... – Gracias... Pero.... – ¿Por qué supone que habrá un pero? – Si ha leído mi CV sabrá que me he dedicado a esto. Sé cómo se dan las malas noticias. – Es que... Está sobrecapacitado para este trabajo.  – ¿Significa eso que cree que haré peor el trabajo? Si estoy sobrecapacitado hacerlo de forma excelente no sería un problema... – Ya, pero su edad... – 45 años. Me quedan 20 o más de vida profesional, tengo experiencia, mucha experiencia y ustedes lo ponían como requisito. – Es muy posible que sus compañeros se sintieran intimidados. Compréndalo. – ¿Y si en lugar de intimidados se sintieran inspirados? ¿Lo ha pensado? Mejoraría el funcionamiento de todo el departamento. – No creo que usted se sintiera a gusto. – Le garantizo que sí. Después de cinco años parado, cualquier trabajo me haría feliz. Incluso ser re ponedor. – Lo siento, pero usted no es lo que buscamos. – Bueno, no insistiré. Pero déjeme decirle que hace 10 años yo era exactamente como ...