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El examen

Quería que fuera distinto. Quería que los alumnos no pudieran excusarse en el tipo de examen. Debía ser un poco de todo: test, preguntas de desarrollo, problemas... Le llevó horas pensarlo, diseñarlo y escribirlo. A 10.000 pies sobre el Atlántico pensó haber diseñado el mejor examen de economía de todos los tiempos. Y, entonces, el avión comenzó a perder altura. Los futuros muertos pensaban en los suyos, en su vida pasada en sus sueños incumplidos. Pero él, en esos últimos momentos, sólo acertó a lamentar que nunca tendría ocasión de poner aquel estupendo examen.

La bailarina del vientre

El local estaba lleno de humo. Cientos de miradas perdidas se centraban en ella. Sobre un escenario mínimo movía las caderas rítmicamente. Las alhajas colgadas de sus livianas ropas sonaban al compás de la música y su ombligo se acompasaba con el timbal. Hoy ya no sé si lo soñé o si lo viví, o las dos cosas. Sólo sé que, en algún lugar de Agadir, una mujer lleva en su vientre tatuadas mis pupilas.

Abu Simbel

Nuevamente volví a sentir el conocido cosquilleo que me producía esa foto de los templos de Abu Simbel que aparecía en todos los libros de Historia del Arte. Aunque en esta ocasión iba a verlos de verdad. Seguía el camino como cualquier otro turista, rodeando el monte en el que habían sido exavados. Y, de pronto, me vi. Desde miles de años de distancia, mi semblante agigantado y por triplicado, miraba hacia Nubia, hacia mi, y me susurraba con los ojos: bienvenido a casa.

El cambio climático

Hacía demasiado calor para febrero. Pero eran ya 5 años de demasiado calor. No le dio importancia hasta que él le dijo que la dejaba. Entonces sólo pudo pensar que aquello era una consecuencia más del cambio climático. A la manera de Pantaleón Pantoja, su marido se había dejado envenenar por las altas temperaturas y se había ido con otra.

Gol

– ¡Gol! – dijo acompañado de un sonoro corte de mangas. El otro hincha lo sufrió como un ataque personal. Ese corte de mangas era por él. Lo sabía. Y, encima, ese gol en el último suspiro significaría recibir el escarnio de los compañeros de trabajo del equipo rival. Y en casa su mujer le diría eso de "siempre pasa lo mismo, eres un necio y pierdes el tiempo y el dinero siguiendo a un equipo perdedor". ¡Un corte de mangas! ¡Cabrón! Se iba a enterar. – ¡Hazle un corte de mangas a tus muertos! – Le gritó al oído mientras le clavaba en el costado la navaja que su hijo le había regalado.

Me aburro

Me aburro. Nada me sorprende, lo sé todo. Conozco el presente, el pasado y el futuro. He estado en todas partes y estaré en todas partes. Mi existencia carece de sentido. De hecho, si no fuera porque algunos de esos seres insignificantes de la Tierra se empeñan en creer en mi, me habría suicidado hace una Eternidad.

Manos ensangrentadas

He visto mis manos ensangrentadas. He contemplado la sangre coagularse en mis palmas demasiado rápido. He notado cómo se disipaba su calor. Mientras, ellos me zarandeaban, me hacían cientos de preguntas sin respuestas y me miraban con odio. No les oía, apenas les veía: mis manos estaban ensangrentadas.