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La mujer fría

Su madre le contó que en cierta ocasión, siendo niño, le preguntó por quién era aquella mujer del parque que siempre estaba desnuda. Ya entonces la estatua ejercía sobre él una enorme atracción. Con el tiempo, esa atracción inicial fue convirtiéndose en una pérfida obsesión en la que cada vez más y más espacios de su vida se veían involucrados.
Aquel cuerpo de mujer desnuda había sido obra de un oscuro escultor del siglo XIX que lo había donado a la ciudad a cambio de una calle con su nombre (única forma de la que podría pasar a la posteridad). Los próceres de entonces lo ocultaron en un rincón poco frecuentado del parque, para evitar las miradas lascivas de los jóvenes. Pero cuando volvió la democracia, alguien pensó que la estatua merecía una posición más a la vista y terminó luciendo su pétrea desnudez en una de las fuentes principales.
Ella era de mármol. Estaba fría. Pero su cuerpo era perfecto y su rostro representaba la belleza absoluta. Por eso, cuando por fin se dio cuenta de que nunca encontraría a nadie como ella, se la llevó a casa, robándola y creando un escándalo sin precedentes en la ciudad en torno al vandalismo salvaje.
Ella era casi perfecta. Sólo tenía un defecto: nunca devolvía las caricias de su amante.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
es lo que tiene ser tan bello.

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