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Mostrando entradas de marzo, 2009

La trinchera

Bajo el fuego enemigo, sobre el cadáver amigo. Soñando con estar en otro lugar y en otro tiempo. Las fosas nasales saturadas de pólvora, disparando como un autómata, esperando la orden de avanzar.
Y la orden se grita. A lo largo de la trinchera se mueve la orden con presición militar, a pesar del número de voces. Comienzan a salir hombres del agujero, y comienzan a caer. Los ve alejarse a la carrera, camino de una muerte segura.
El oficial le zarandea, le exige por el emperador que se una a la carga. Le insulta, le golpea, y solo deja de hacerlo cuando una bala atraviesa la visera de su casco.
El soldado se tira al suelo, acurrucado, y comienza a taparse con una mezcla de sangre y barro. Y sueña de nuevo con estar en otro lugar y en otro tiempo.

1982

En 1982 yo tenía 13 años. El futuro me parecía lejano y me costaba imaginarme más allá de la frontera del 2000. En aquel año yo terminaba la EGB y comenzaba el BUP. Comenzaban también los cambios que irremisiblemente me dirigían a este momento en el que aprovecho un rato perdido para escribir.
Aquel verano viví los primeros fracasos amorosos, se pusieron a prueba amistades de la infancia y España no fue capaz de ganar su mundial. Aquel verano tuve la revelación que marcaría mi vida: el fracaso es una palanca. Así que el final de la larga cadena de equivocaciones que ha sido mi vida, sólo podía culminar en este instante en el que dejo en el papel el peso de mi mayor certeza: en 1982 cambió mi vida.
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15 rosas

El ramo de rosas le aguardaba sobre la mesa. Aunque no le gustaban estas cosas, en el fondo las esperaba cada año, y ya comenzaba a pensar que él se habría olvidado. Incluso llegó a ensayar mentalmente algunos reproches airados.
Hasta que los rojos pétalos de la flor símbolo le gritaron desde el otro lado del pasillo. Quiso ocultar su sonrisa, pero el joven observador al que machacaba a diario para hacerle aprender, captó el leve gesto en la comisura de sus labios, y pensó que su jefa, después de todo, también tenía corazón.
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Cambio

Para Eráclito el cambio era consustancial a la realidad. El agua que fluye por el río es siempre distinta, aún cuando el propip río sea el mismo. Aunque el río, a fuerza de transportar aguas extrañas, también se desdice en cada tramo.
Yo no soy río, ni agua, aunque por mis venas la sangre pretenda ser metáfora de ellos. Pero soy cambio. Y, como tal, soy río. Y persona, y ave del paraíso.
Tú que me escuchas dirás que estoy loco. Y es verdad. Pero como todo cambia, lo que hoy es mi locura, mañana puede ser la tuya. Y entonces seré yo el que mira con benevolencia. Y tú, serás río.
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El perro negro

El perro era enorme. El lomo negro brillaba con los rayos del sol de medio día. Correteaba por el jardín saltando los macizos de flores, mientras doña Gertrudis aterrada dudaba entre gritar o correr. O directamente gritar corriendo. La duda la tenía paralizada.
Afortunadamente llegó el vecino, el dueño de aquel ser del Averno que estaba arruinando sus parterres. Bastó una orden seca para que el animal se frenara.
El vecino le puso el collar y salió del jardín pidiendo disculpas y mascullando improperios al can. Doña Gertrudis les gritaba con toda la rabia que el terror había atascado en su laringe. Y, mientras se alejaban con la cabeza gacha el uno, y el rabo entre las piernas el otro, la señora pensó en el buen servicio que podría proporcionarle tan estupendo semental.
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