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Mostrando entradas de enero, 2014

El mejor escondite es un libro

En un tiempo en el que nadie lee, el mejor escondite es un libro.
Lo tuvo claro nada más entrar en la sala. El crimen perfecto es aquel en el que sólo existen pruebas circunstanciales y nada te puede relacionar con la víctima. Había entrado en aquella casa como en tantas otras, ofreciendo una mirada desvalida y unas lágrimas de abandono por el video portero.
El hombre accedió. (Siempre acceden ante la belleza frágil). Y, antes de que pudiera terminar de contarle una historia fascinante sobre sus libros, un abrecartas había buscado su yugular. Luego cogió un libro al azar, hizo un hueco agujereando las páginas, puso en él el abrecartas sin limpiar y depósito de nuevo el tomo en su lugar de la estantería.
Nadie lo encontraría jamás. Miró la hora en su reloj inteligente y salió de la casa evitando las cámaras de bancos y tiendas.

Un sueño pintado de azul

El despertador hizo desaparecer a la azulada na'vi abruptamente. Enfadado, presionó el botón de silencio, al tiempo que intentaba rememorar de manera infructuosa los últimos instantes de la deliciosa ensoñación.
El agua fría sobre la cara le hizo reaccionar y su preocupación pasó a ser la molesta erección que no le permitía aún orinar. Así que fue a prepararse el primer café del día. Y, como cada mañana a esa hora, al otro lado del patio interior la vecina se preparaba sus cereales. Aquella visión le terminó de espabilar. Entre sorbo y sorbo la miraba moverse por la cocina, con la frescura de la juventud y la seguridad de saberse observada. Casi siempre ella le terminaba saludando asomada a la ventana, y esa era la señal para comenzar con las prisas rutinarias.
Cuando esa mañana por fin le saludó, casi se le cayó la taza al suelo. Pudo ser un reflejo o simplemente un deseo, pero lo cierto es que la notó azulada. Supo que el día se le haría muy largo, deseando volver a conciliar el…

Un plano corto, una teta y un mal guión

La película es una supuesta comedia. Sin embargo, apenas hay ocasión para la risa: unos personajes exagerados no siempre resultan graciosos. El guión no sabe sacarles provecho. Y el director se ha perdido en una sucesión de planos cortos, con los que resulta mucho más obvia la inexpresividad de los actores.
Es mala, mala de solemnidad. Y, sin embargo, mis dedos se han quedado paralizados en la segunda presilla, absorto en la labor de confirmar el diagnóstico inicial. Ella me pregunta qué por qué no sigo, que si me pasa algo. Y yo dejo pasar mi primera oportunidad de tocar una teta por un traveling de primeros planos que es la primera situación realmente cómica de la cinta.
Entonces se levanta airada y avanza por el pasillo camino del cartel verde de Exit. Y lo único que pienso es que la situación sería ideal para una típica comedia adolescente de los 80. La escena funcionaría muy bien.

Todo un conjunto de gestos

Ha lamentado cada día aquellas palabras. Y no sólo las palabras. Al "que te jodan" le siguió una pausa dramática y una altiva media vuelta, un alejarse despacio (como esperando escuchar su nombre) y el borrado de una entrada en la agenda del móvil: todo un conjunto de gestos de despedida definitiva.

Una laguna de sueños

Comenzaba el año y todo el mundo a su alrededor se abrazaba y brindaba con champán –que en su casa o se bebía champán-champán o mejor se tomaba sidra.
Los niños seguían revoloteando alrededor de la mesa, a pesar de la hora y un año más había logrado que en su casa se vieran las campanadas de televisión española: las de toda la vida. Sólo su mujer (la más guapa de su promoción), no mostraba alegría ninguna. Y se dio cuenta de que no recodaba verla sonreír en ninguna de las nocheviejas anteriores. Le preguntó "¿qué puede ser tan terrible que te entristezca cada Nochevieja?"
Ella respondió "es comprobar como la enorme laguna de sueños rotos cada año es mayor, hasta el punto que ya casi me ahoga".
No quiso pensar en el significado de aquello –no era el momento–: "pues que no te lo noten tus hijos".