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Mostrando entradas de agosto, 2013

Una espada sin afilar

Ella se empeñó en guardar la espada con la que cortamos la tarta nupcial. Luego la achicó en un armario cualquiera y hasta hoy no la he vuelto a ver. Ha sido tras el ofrecimiento involuntario a ayudar en la mudanza. Envuelta en un par de trapos de cocina viejos.
Es una espada triste, sin un filo con el que abrir una herida, una espada ceremonial, de un sólo uso: inútil. Pienso en las catanas de adorno, esas que proliferaban en los despachos de los yupis de los 80. Ellas al menos quedan expuestas en sus hermosas fundas de bambú. Ésta, de poder hacerlo, las envidiaría.
No obstante, en su alma debe anidar el deseo de matar. Un golpe fuerte con ella podría ser letal, si es en la cabeza. También podría llegar a atravesar un cuerpo, si se lanzara una estocada con la suficiente fuerza y la víctima se encontrase contra una pared. La meto en la caja correspondiente no sin antes pensar en qué diría mi suegra, si pudiera: "límpiala antes de guardarla, que con tanta sangre va a pringar al r…

El último Arca

Un arca. El ARCA XXXIV, el último de su clase. Miles de embriones humanos y de animales, un banco de semillas y todo el conocimiento de la Humanidad en sus discos duros. Un sólo cerebro despierto, integrado en la CPU de la nave. Apenas un resquicio de lógica humana en medio de un complejo sistema de condicionantes mecánicos, eficientes pero huérfano de creatividad. A medida que el enfriamiento del Universo era más evidente, comenzaron los planetas humanos a mandar Arcas en todas direcciones, con la esperanza de encontrar nuevos sistemas en los que replicar nuestros mundos. Esta nave fue enviada al centro del Universo, considerando que el enfriamiento llegaría más tarde aquí y que sería posible extender la historia humana hasta el último segundo del Universo. Mi tarea como cerebro humano central es servir de nexo de unión entre los mundos originales y los nuevos que se creen a partir del material genético almacenado en el Arca. Pero circular por el Universo durante tantos años me ha llev…

El aroma de la juventud

Entraba con ella un suave aroma floral, fresco y juguetón. No se trataba de un perfume, era más sutil, era suyo. Era la definición olorosa de la inocencia, de la felicidad, de la falta de malicia y de maldad. Era la juventud.
Entonces deseé que ese olor no se le fuera nunca. Que no tuviera que vivir decepciones, que la muerte no minara su optimismo. Que la mentira no la alcanzase nunca.
Pero sabía que aquello era imposible. Lo único que yo podía hacer era olfatearla profundamente cuando pasase a mi lado. E intentar que su recuerdo perdurase para siempre en mi memoria.