Ir al contenido principal

Sobrecapacitado

– Su currículum es impresionante...
– Gracias... Pero....
– ¿Por qué supone que habrá un pero?
– Si ha leído mi CV sabrá que me he dedicado a esto. Sé cómo se dan las malas noticias.
– Es que... Está sobrecapacitado para este trabajo. 
– ¿Significa eso que cree que haré peor el trabajo? Si estoy sobrecapacitado hacerlo de forma excelente no sería un problema...
– Ya, pero su edad...
– 45 años. Me quedan 20 o más de vida profesional, tengo experiencia, mucha experiencia y ustedes lo ponían como requisito.
– Es muy posible que sus compañeros se sintieran intimidados. Compréndalo.
– ¿Y si en lugar de intimidados se sintieran inspirados? ¿Lo ha pensado? Mejoraría el funcionamiento de todo el departamento.
– No creo que usted se sintiera a gusto.
– Le garantizo que sí. Después de cinco años parado, cualquier trabajo me haría feliz. Incluso ser re ponedor.
– Lo siento, pero usted no es lo que buscamos.
– Bueno, no insistiré. Pero déjeme decirle que hace 10 años yo era exactamente como usted.
Dejó de ensayar delante del espejo y comprobó que llevaba en la cartera la última versión del CV. Hoy, por fin, sería distinto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El niño y el recuerdo

El recuerdo botaba en el umbral del patio. El niño se acercó a él con decisión y de una patada lo embarcó en el terrado. Allí quedó olvidado por veintitrés años, hasta que un viento de Levante especialmente intenso lo volvió a traer al suelo. Y el niño, ya hombre, sintió de golpe una laceración en el alma. Quiso volver a olvidar, pero fue imposible porque ninguna patada lograba ya que aquel recuerdo abandonase el patio de su memoria.

20x20x20

Entras en la sala a oscuras. El proyector dispara su haz cegador contra una pantalla blanca en la pared continua a la puerta. No puedes verles, pero sabes que todos te están mirando. Lanzas tu presentación a la pantalla y comienzas el discurso. El diagnóstico es sencillo, pero seguro que has descolocado a alguien con el tema de los nuevos perfiles de clientes. Las diapositivas van cambiando solas: te ha costado ensayar durante todo el fin de semana, pero das por seguro que ha merecido la pena. Imaginas sus caras sorprendidas, incluso alguna un poco fastidiada. Llegas a las conclusiones y preguntas: “¿alguna pregunta?”. Nadie responde; como siempre. Luego llegará un correo de algún valiente que se atreverá a puntualizar algo. Una chorrada menor, seguro. Hoy te has lucido, has cumplido la regla de los 3x20 a rajatabla: 20 minutos, 20 diapositivas y no más de 20 palabras por diapo. Apagas el proyector y buscas a tientas el interruptor de la luz. Entonces te percatas. no hay nadie, y en l…

Soñar con la Atlantida

Toda su vida había sido una espiral de sucesos que se alejaban para luego acercarse al tema central de su Universo: la Atlántida. Desde que escuchó el primer cuento sobre ella, narrado por su abuelo, supo que irremediablemente estaba atrapado por su búsqueda. Lo leyó todo, desde la descripción idealizada de Platón, hasta las versiones más disparatadas de los grupos herméticos.

Había visitado todas las posibles Atlántidas de la Tierra y había coleccionado cuanto documental, libro o folleto turístico que se había cruzado en su camino. Lo sabía todo sobre esa nación, lo posible y lo imposible y, aún así, la seguía buscando porque soñaba con ella todas las noches.

Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…