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Mostrando entradas de marzo, 2013

El porqué de la soledad

La soledad es una elección en mi caso. Estoy en posesión del mayor secreto que hasta ahora ha tenido la humanidad. Es una idea, una idea revolucionaria. Una idea que será la base del futuro de la humanidad. Enorme, sublime, sencilla. He dado con la teoría del todo: puedo enlazar a Newton con Einstein, y llevar a ambos más allá de la teoría de cuerdas. Ya no hay misterios cuánticos.
Salvo el de la soledad.

El tesoro

El extraño hombrecillo acudía a ver su caja de seguridad cada semana, invariablemente, cada miércoles, unos cinco minutos antes de cerrar al público. Y todas las semanas había que sortear el mismo interrogatorio: ¿Ha venido alguien para acceder a mi caja? ¿Le piden a todo el mundo el DNI? ¿Y si viniera alguien parecido a mi? ¿Y si trajeran mi llave? A veces las preguntas cambiaban de orden, o cambiaban de forma, aunque en esencia eran siempre las mismas.
Luego se encerraba con su caja y salía al cabo de 5 o 10 minutos con el rostro sudoroso y algo alterado. Hasta que no salía de la oficina lanzaba constantemente miradas desconfiadas al empleado que le acompañaba.
Todos se preguntaban qué sería aquello que guardaba con tanto empeño. La interventora fabulaba con algún tesoro heredado. El cajero pensaba en cartas de amor, de un amor secreto y posiblemente desgraciado. La directora, pragmática, sólo pensaba en venderle un seguro de hogar.
Nadie acertaba. Cuando su sobrina vino al banco a…

Engañados

– Hace tiempo que me he dado cuenta. Tus caricias recorren mis brazos buscando unos volúmenes que yo no tengo, suspiras a menudo y me miras como sintiendo lástima. No lo niegues, estás enamorada de otro, y cualquier excusa que busques sólo añadirá más dolor a mi herida. ¿Creías que no iba a notarlo? ¿Tan ciego me crees? Cuando hacemos el amor tu boca dice mi nombre, pero tus ojos rehuyen los míos... Y eso duele.

– Es cierto; pero no de la forma que tú supones. He recordado al hombre que me enamoró hace 20 años, y he vuelto a soñar con sus brazos fuertes, con su mirada intensa y su capacidad de sorprenderme. Y me he dado cuenta de que ese hombre hace mucho que murió...

– Tú también has cambiado...

–Pero mis sentimientos no.

El despertador

Esta mañana no ha funcionado el despertador, aunque sí que ha sonado. De hecho, estoy soñando... Y no hablo en metáfora. He soñado que el despertador sonaba justo cuando sonaba en realidad y he soñado que lo apagaba y que me levantaba.
Me he vestido y he salido a la calle, pero el sol hoy está un poco más amarillo que de costumbre, y el contorno de las cosas hoy parece menos definido, como si todo estuviera a punto de desbordarse de sus propios límites.
Por eso sé que sigo soñando. Por eso, y porque hoy nadie se ha parado a hablar conmigo, nadie se aparta a mi paso y, sobre todo, porque nadie ha querido cobrarme al colarme en el cercanías.