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Yo escribí la Wikipedia

Tener un conocimiento enciclopédico no es una de las cualidades más sexis que se me ocurren. De hecho, tengo la constancia de que a las mujeres les resulta casi más repelente que atractivo. Nací con la doble maldición de una curiosidad infinita y una memoria absoluta. La una y la otra enlazadas siempre terminaban torciendo mi voluntad y, por más que me propusiera ir a jugar con los amigos o salir al cine con las chicas, mis pasos terminaban perdidos entre las páginas de un libro. Desde pequeño mi hábitat natural fueron los libros, concretamente las bibliotecas, espacios en los que mi sed de conocimiento podía ser calmada con relativa rapidez. Aunque siempre había lagunas de información, algún dato perdido, resultado del enlace de unas preguntas con otras, que finalmente terminaba chocando con una versión demasiado desactualizada de la Espasa Calpe o, simplemente, con el vacío más absoluto. Afortunadamente, casi al mismo tiempo que se me acababan las páginas en la Biblioteca Pública Miguel de Cervantes, comenzaba a popularizase Internet. Mi paso por la Universidad me permitió conocerla y las páginas de Gopher fueron un primer bálsamo para mi ansiedad. Y luego vino Wikipedia. La enciclopedia absoluta, que crece día a día y que yo me dedico a editar día y noche, reescribiendo y completando todos los artículos, una y otra vez. Sí, yo he escrito la Wikipedia. Tres veces ya...

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Soñar con la Atlantida

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Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…