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Mostrando entradas de marzo, 2012

Nueve años de esclavitud

El nueve es un número mágico. No es una década, pero casi. En el cubo de tres, por lo que incita a pensar en triángulos. De todo tipo. El nueve no llega a ser un siete, pero es lo más parecido. Una relación de nueve años es algo más que un noviazgo. Se trata casi de una eternidad en la que todas las células del cuerpo de los amantes se han renovado.
Tal vez hayamos estado tanto tiempo juntos que ya no somos los mismos, y tampoco somos capaces de volver a enamorarnos el uno del otro, como dos completos desconocidos que se ven a diario. Eso es lo que le he explicado a ella. La verdad es otra.
Siempre he necesitado alguien a mi lado con una personalidad fuerte, alguien que me ayudara a elegir el camino a seguir o que, directamente, me lo indicara. Blanca lo tenía claro, había trazado un plan milimétrico en el que mis opciones se reducían a formar parte de su sueño. Y eso me gustaba, porque me hacía sentirme seguro.
Pero llegó la herencia de la tía Martirio y, de pronto, me di cuenta de …

La mariposa

Nueve años y sólo una llamada. "Necesito estar solo". Y luego, el pitido entrecortado del teléfono y nada más. Lloró. Primero fue dolor, luego rabia y, finalmente, costumbre. Él le había prometido un futuro juntos y ella no fue capaz de imaginar otra vida. Sus sueños y anhelos se habían convertido en el reflejo de los suyos. Su vida era el guión de un romance perfecto. Y él era el protagonista absoluto de la película. Los meses que pasó vaciándose de lágrimas la transformaron. Su casa fue el castillo en el que culminó su metamorfosis. Ya mariposa, bella porque quiso ser bella, reunió su ropa, sus recuerdos y regalos y los abandonó junto al contenedor. Luego, marcó su número, le dijo "ya no te necesito" y echó a volar.

El nacimiento

“Empuja. Un poco más, bonita, que lo estás haciendo muy bien”. Ella empuja con todas sus fuerzas mientras presiona la mano izquierda de su marido. Nunca antes se había esforzado tanto. Nunca antes hubiera imaginado que sería capaz de forzar su cuerpo hasta este extremo. Al principio, los empujones eran silenciosos, pero en la medida que el agotamiento crecía, tuvo que recurrir a los gritos para seguir apretando.
“Uno más, venga, que ya lo tenemos. Uno más y descansas”. Ella suelta el último grito y aprieta la mano de su pareja con mayor fuerza que antes. Él también grita. “Ya está, ya está”. La comadrona la besa en la frente: “lo has hecho muy bien, chiquitica” y el llanto del bebé llena pronto el silencio que la madre ha dejado.
El ginecólogo entrega el bebé a la enfermera para que lo lave y se acerca al emocionado padre: “Enhorabuena, papá. Mire que he visto cosas raras en este paritorio pero es la primera vez que alguien me pide escribir en directo lo que sucede antes que grabarlo …

Adicta al texto

Las palabras leídas le traspasaban el alma. Desde niña. No se trataba de reconocer la buena literatura, aunque también sabía apreciarla, eran las sinuosas curvas de las letras, la rítmica nada de los espacios... Ahí es dónde ella encontraba la verdadera poesìa. Por eso también prefería leer sobre escritura a mano: las variaciones y los motivos de disfrute se multiplicaban. Cuando se topaba con algún papel especialmente bien escrito, en el que la letra y la música acompañaban, el impacto la sumía en un estado semicatatónico por espacio de horas. Cuando por fin volvía del "viaje" –así lo llamaba–, lo hacía pletórica de felicidad. La adrenalina le impedía dormir durante días y la obsesión por la lectura se le acrecentaba. Sin embargo, cada vez era más difícil encontrar textos tan perfectos. Ni siquiera entre los clásicos. Internet la indignaba, plagado de millones de "autistas aulladores", con egos del tamaño de montañas y talento de ratón, pero como adicta al texto l…

Amor hipocondríaco

Una noche con el cielo plagado de estrellas, invisibles por la contaminación y las luces de la ciudad, nos besamos. Mis gérmenes y tus gérmenes mezclaron su material genético y volvieron mutados a nuestros torrentes sanguíneos. Tú me dijiste "te quiero". Yo pensé en una canción de los Beatles y no supe que decir. Aproveché el ruido infernal del tráfico que se colaba por las ventanas mal aisladas de la casa y balbuceé algo que sonó parecido a "y yo a ti". Volvimos a los besos sobre el sofá sembrado de ácaros. De fondo, el eterno programa de telerrealidad emitía su basura catódica. Todo parecía indicar que acabaríamos la noche fusionando nuestros gametos y sudores. Entonces tosiste y se rompió el hechizo. Y no tuve más remedio que poner tu corazón en cuarentena.

Ruido de huesos

El ruído se apretaba a sus sienes y tiraba de su estómago hacia fuera. Los martillazos ya no dolían, el dolor siempre tiene un límite físico. Pero podía ver y escuchar cómo sus huesos crujían y se aplastaban con cada golpe.
Hablar hubiera significado el final, posiblemente el final de todo; por eso seguía callado. Por eso, y porque en la vida, como en las buenas películas, nunca sabes detrás de que segundo va a producirse un giro de guión.



Musa de curvas

Te elegí como musa. Puede que jamás logre relevancia como escultor, pero cada una de las curvas que he modelado a lo largo de estos últimos 15 años han sido copias de las tuyas. No te sorprendas, cuando te miro no sólo lo hago por halagarte, te estudio. La leve desviación del meñique izquierdo de tu pie está en el pico del Ave que come, tus pechos son la hoja de La hoz del tiempo, y la ese que forman tu cintura y cadera la tienes en Herramienta para cortar las nubes 3.
No exagero, todas mis curvas son tuyas: están o estuvieron en tí. Sin ellas mis obras serían menos veraces, estarían muertas.

La sombra cabrona

En la literatura, también en la esotérica, es posible encontrar casos de sombras rebeldes e independientes, de sombras que desaparecen, o de sombras que cometen asesinatos. Incluso en entre la creciente colección de relatos de No mas de 15 al día hay alguno sobre sombras que pasan hambre. Pero no he logrado encontrar nada parecido a lo que me sucede. En cierta forma, podría decirse que mi sombra se encuentra en el grupo de las rebeldes, aunque su rebeldía consiste en hacerme pequeñas maldades; putadillas que contadas de forma individual hasta resultan graciosas, pero que por repetición y acumulación son un verdadero problema.
Una de las cosas que más a menudo me hace es ponerme la zancadilla, especialmente cuando estoy haciendo deporte o caminando deprisa. Obviamente su objetivo es que caiga y, en la mayor parte de las ocasiones lo consigue. Por eso he tenido que dejar de salir a correr y de jugar al fútbol con los amigos. Para mantenerme en forma corro sobre una cinta casera a oscura…

123.485 SP

Miraba pasar los coches sentado en el bordillo de la acera. Día tras día. Ni siquiera eran lunes al sol. Porque no había sol en aquella maldita ciudad del Norte. Demasiado lejos de casa para volver. Demasiado tiempo y fracasos como para regresar tal y cómo partió. Los días pasaban del albergue a la calle, de la calle a la cola del comedor, del comedor a la calle y de la calle al albergue. Los dias se fueron sumando implacables y terminaron convirtiéndose en años. Su ropa, su aspecto, su sombra lo notaban, pero para él los días eran idénticos y seguía ajeno a los cambios que se producían en los compañeros de mesa a la hora de su única comida, siempre aguada. "Aquí soy un número, pero allí seré una historia de fracaso. Nada más".
Y para acallar sus ganas de retornar se obligó a olvidar su infancia y juventud, sus amigos y, lo más duro, su familia. Simplemente se convirtió en el 123.485 SP. Y nada más.

Lamento de lombriz

La Creación fue injusta con nosotros. Nos privó de patas, de esqueleto y de inteligencia. Ni siquiera alcanzamos a tener una metamorfosis que nos transforme en bella mariposa. Nuestra vida apenas tiene sentido fuera de la cadena trófica; si acaso nuestra labor de taladradores de suelos podría repercutir favorablemente en la calidad de los suelos agrarios. Nada más.
Por no tener, no tenemos ni sexo. Un simple accidente puede provocar que nos dupliquemos, con algo tan sencillo como un corte.¿Y eso alguien puede considerarlo una ventaja? No entiendo cómo es posible que sigamos sobreviviendo, a pesar de nuestra evidente nanidad? Daría mi fina capa de queratina por vivir la vida de un insecto o, mejor, la de un ave: volar. Ver la tierra desde el aíre y no desde dentro, poder desarrollar pensamientos complejos. Dejar de ser simple...

El sistema contra Messi

Messi no tiene la movilidad lateral que tengo yo. Ambos somos delanteros centro, ambos metemos goles de dos en dos y hasta vestimos camisetas similares, pero el famoso es él. Es posible que la razón sea la inflexibilidad de nuestro sistema, siempre un 3-4-3, con demarcaciones posicionales inamovibles. Ya me gustaría que me dejaran subir la banda desde el medio campo, que pudiera lucir mi regate y llegar con el balón hasta la misma línea de meta. Pero, por más que cambiamos de entrenadores, no hay forma de que me dejen la libertad que necesito. Sólo una vez en mi vida pude ser casi como Messi. Quise llegar a un balón aéreo, salté por encima de la defensa, volé incluso por encima del portero, y terminé cayendo a medio metro del futboling, dejándome para el resto de mi vida un desconchón en la cabeza y la pierna derecha torcida.

Quise ser Gaia

De joven yo veía los programas de Punset. Recuerdo con especial fuerza uno dedicado a las transformaciones de nuestro cuerpo merced a la tecnología y a la alteración genética. Según veía las imágenes, venían a mi memoria fragmentos de la película Gattaca o de la novela Los propios dioses, de Asimov. Aquella fue la primera vez que quise ser Gaia. Debió ser en 2010, o 2012 a los sumo; fui consciente de que el futuro del hombre trascendería nuestra propia humanidad y me dio miedo. Una humanidad no carnal, o escasamente carnal, me producía terror. Por eso quise pensar como Lovelock y fundirme en una conciencia planetaria; ser parte de un ser mucho mayor como estrategia para proteger lo que de vida natural había en mi.
Quise ser Gaia y pensé en Pandora, el planeta conectado de Avatar. Durante años busqué la forma de fundir mi conciencia con la biosfera terrestre: medité, estudié los lenguajes animales y, finalmente, me topé con la tecnología. Hoy soy inmortal, soy uno con la Tierra, pero e…