Ir al contenido principal

Soy bueno con las palabras

http://dayoaddiction.blogspot.com
Soy bueno con las palabras, por eso ellas vienen en mi auxilio cuando las necesito. Apenas tengo que pensar. Acuden raudas a mi boca y llenan con sus fonemas el silencio. Explicar una idea, consolar, decir una verdad dura, mentir para evitar una dura verdad... Siempre encuentro las palabras adecuadas.
Por desgracia, mis ojos son rebeldes. Puede que se sientan maltratados por las gafas tempranas, las operaciones o las horas excesivas de pantalla. Lo cierto es que mis ojos nunca colaboran: cuando mis palabras quieren parecer seguras, ellos se muestran nerviosos y, lo peor, cuando uso palabras mentirosas, mis ojos componen una mirada huidiza que me delata.
Por eso procuro no mezclar ojos y palabras; por eso, usted lector, nunca me encontrará hablando en un video de YouTube o en televisión, y sólo sabrá de mi a través de los retazos de historias que tejo con las palabras para este pequeño mundo al otro lado de la Red.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Soñar con la Atlantida

Toda su vida había sido una espiral de sucesos que se alejaban para luego acercarse al tema central de su Universo: la Atlántida. Desde que escuchó el primer cuento sobre ella, narrado por su abuelo, supo que irremediablemente estaba atrapado por su búsqueda. Lo leyó todo, desde la descripción idealizada de Platón, hasta las versiones más disparatadas de los grupos herméticos.

Había visitado todas las posibles Atlántidas de la Tierra y había coleccionado cuanto documental, libro o folleto turístico que se había cruzado en su camino. Lo sabía todo sobre esa nación, lo posible y lo imposible y, aún así, la seguía buscando porque soñaba con ella todas las noches.

Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…

La ruleta del culpable

Uno: "Los tres tenemos ya una edad, hemos vivido razonablemente bien y nos enfrentamos a demasiadas incertidumbres. Esta es objetivamente la mejor solución".
Dos: "Pero no es justo. Yo solo continué con vuestro sistema. Mi responsabilidad no es tan grande como la vuestra".
Tres: "Perdona, tú no lo inventaste, pero fuiste el más beneficiado. Si usamos criterios objetivos, yo estuve menos tiempo, y soy el más joven de los tres".
Uno: "No tiene sentido que discutamos. Esto ya lo hablamos en su momento, uno de nosotros tiene que asumir toda la culpa. Lo necesitamos el resto, lo necesita el partido y hasta la sociedad. Tenemos que jugar esta partida".
Tres: "Pero, ¿y si no sirve de nada? ¿Y si la justicia sigue tirando del hilo?"
Uno: "Eso no sucederá, él nos ha dado su palabra. Quien pierda será el señalado por las pruebas y los testigos. Los demás recibirán castigos menores, pero para todos solo uno de nosotros será el mayor de los c…

Un hedor insoportable

Al principio solo lo notaba de vez en cuando. Era muy sutil,  de forma que podía pasar por un olor casual y pasajero. Pero a los pocos días se hizo continuo. Siempre estaba bajo mi nariz y, por momentos, se hacía más y más insoportable. Busqué por toda mi casa la fuente posible de la peste: pensé que podía deberse a una rata muerta. Incluso convencí a mis vecinos para que me dejaran revisar sus pisos. Ellos no olieron nada, ni en sus casas ni en la mía.
En un momento dado recordé haber leído algo sobre un caso similar. Los vecinos de un inmueble habían estado sufriendo un mal parecido, aunque se lo habían ido contagiando de uno a otro. Desesperado, contraté los servicios de una prostituta con la idea de pasarle a ella la maldición o la enfermedad. Pero no resultó, el olor continuó conmigo, junto con un profundo sentimiento de culpa por haber pretendido contagiarle.
La medicina tampoco encontró remedio a mis malos olores. Así que ante la tesitura de tener que sufrir eternamente este su…