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Mostrando entradas de junio, 2009

Sayonara, baby

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado...
Este es el único post de la bitácora que no es un cuento. Es una explicación y una despecida. Cuando comencé hace más de un año, mi apuesta era escribir un cuento cada día. Pronto me di cuenta de que, aunque eran relatos cortos, muy cortos, el objetivo de un día, un cuento era irrealizable: no tengo tanta voluntad.
Sin embargo, si quise llegar a los 365 cuentos, 365 días aunque sólo fuera en sentido metafórico.

Esta historia se termina, pero ahora me propongo otra aventura: escribir una novela por entregas. En lugar de relatos independientes, formarán parte de una historia mucho más amplia. Eso sí, ya de antemano no me propongo ni plazos ni metas. El título ya existe: "Crónica de Muchedumbres", basada en un cuento largo que escribí hace muchos años, y que nació con vocación de ser mucho más amplio.
Así que, querido lector, hasta la vista...


F I N

El último cuento

Durante 365 días escribió 365 cuentos. Al principio soñó con un libro infinito, de infinitos relatos ligeramente parecidos, probablemente distintos. Luego quiso emular a los maestros orientales y se puso de límite mil y una noches. Finalmente, agotado y aburrido de si mismo y de repetir una y otra vez los mismos cuentos, quiso alcanzar los 365. Un año, lo que le permitiría jugar con los títulos del libro que se esforzaba en imaginar: "Un año de cuentos", "No más de 15 ni más de un año", etc.
El reto cumplido a medias, pero finalizado dejaba paso a una nueva aventura, mucho más atrevida: releer todos aquellos pedazos de imaginación, ordenarlos y procurar un editor para los mismos. ¿Lo lograría?

Realismo social

Buscó entre las novelas del estante. Estaba seguro de haberlo leído antes, no recordaba exactamente cuándo. Las baldas sobrecargadas crujían cada vez que alguno de los volúmenes las abandonaba o volvía a ser depositado en ellas.
Desde los titulares de la primera página el diario gritaba al mundo el derrumbe de la Unión Soviética. Jesús seguía buscando, mirando apenas el título de cada libro. Pero pronto se vonvenció que ninguno de sus tesoros narraba la hecatombe del régimen comunista más poderoso del planeta. Así que se rindió.
Mientras, en lo más profundo de una de las cajas del trastero, un viejo relato escolar sonreía de orgullo a pesar del suspenso en rojo y la nota manuscrita de Don Jesús: esto es ciencia ficción, no realismo social.

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Versos que se disparan

Me gustan los versos que disparas para matar mi ensueño, aunque prefiero los silencios compañeros de noches de bailes clandestinos. Esos que susurramos ante las habitaciones del los niños, temerosos y deseosos de que nos sorprendan de una vez.
Me gustan tus dardos procaces, disparados al abrigo de unas sábanas culpables, engarzados entre tus labios cálidos.
Me gusta oirte y que me oigas.
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