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Mostrando entradas de abril, 2009

La nostalgia es el infierno

Fue justo cuando el cantautor se acomodó en el borde del escenario y empezó los acordes de una canción de su primer disco. En ese momento José abandonó la calidez del público y se trasladó muy, muy lejos de allí. A un lugar indeterminado y frío.
Y frente a él apareció ese joven con la cabeza llena de pájaros y la certeza de saberse incombustible, inasequible, invencible. Sus ojos reflejaron los de aquél y comprendió que sólo los distinguía la luz que ya jamás se asomaría a los suyos. El tiempo, las derrotas y la desesperanza se agarraron a sus entrañas sin compasión alguna.
Al terminar la canción, entre aplausos, ella lo vio llorar, con la mirada dirigida a un punto muy profundo de su propio interior y recordó también a aquel joven. Y comprendió todo lo que habían perdido.

Vivir un día más

Lo decía como una cantinela diaria, como un mantra con el que comenzar o terminar el día: "hay que pasar el día para llegar a mañana".
Los amigos y sus compañeros de trabajo nunca pensaron demasiado en ello. Era demasiado alegre y optimista como para pensar que vivía de prestado.
Hoy todos lo entendemos y algunos hemos adoptado esa máxima como parte de nuestra propia existencia.
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Barriendo hacia dentro

Lola sufría unas jaquecas demoledoras. El dolor era tan agudo que la dejaba prácticamente inerme. En esas ocasiones cerraba las persianas de su habitación y se refugiaba en la profundidad silenciosa de sus sábanas. Dejaba de ser persona; enrollados los brazos alrededor de las rodillas, en posición fetal, rogaba a su improbable Dios para que el sueño ahogara las punzadas de dolor.
Los médicos no eran capaces de sanarla. La mayor parte de los que consultó concluyeron que debía acostumbrarse a vivir con él para el resto de su vida. La otra Lola, la abuela a la que honraba con su nombre, una viuda joven de la postguerra, fue la que le ofreció el diagnóstico más certero: "niña, lo que a ti te pasa es que lo barres todo padentro".
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La última frontera

Durante milenios hemos vagado por el espacio. No sabemos si en la Tierra sigue habiendo humanos, o si siguen siendo como nosotros. A lo largo de todo este tiempo se han sucedido más de 10.000 generaciones, la nave ha sido reparada centenares de veces y en algunas contadas ocasiones hemos dado lugar a colonias humanas en lejanos mundos. No teníamos prisa, puesto que nuestro viaje debiera haber sido eterno. Sin embargo, hoy vamos a vivir lo más importante que jamás le haya sucedido a ninguna otra tripulación. El vacío cada vez más oscuro y frío en el que nos movemos se acaba. Las mediciones no fallan. Estamos a punto de traspasar los límites del Universo y no hay forma de saber si más allá hay algo más: tal vez un Dios, tal vez la vigilia de un durmiente, tal vez las pesadillas de los primeros navegantes del mar terrestre.
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