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Mostrando entradas de enero, 2009

El enjambre

No hay un camino señalado, pero todos los individuos parecen saber cual es el suyo. Tan atareados están, que no es difícil imaginarlos infinitamente solos en medio de la multitud.
Algunos parecen conocerse, y se paran unos instantes para reconocerse. Pero la inercia es tanta, y tanto el movimiento a su alrededor, que se ven impelidos a continuar con sus carreras.
En ocasiones, alguno de los del enjambre se para, repentinamente iluminado por la inutilidad de su quehacer. Pero los otros, simplemente, le toman por loco y procuran que sus desordenadas sendas no vuelvan a pasar junto a él.
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Moría de celos

Informe del atestado número 56/2009: 15 de enero de 2009.
11:35 AM. Se recibe una llamada en comisaría. Una mujer en evidente estado de nerviosismo anuncia que ha matado a su marido.
12:40 AM. Llegamos al domicilio de la denunciante. Encontramos a la susodicha sentada tranquilamente en el salón. El marido estaba muerto sobre la cama matrimonial. Tenía el rostro totalmente desfigurado a cuchilladas. Preguntada por la razón de tal ensañamiento, la mujer afirmó: "es que hasta muerto estaba guapo". Ante esta respuesta le interrogamos por los motivos del homicidio: "era tan guapo que yo moría de celos".
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El sueño recurrente

El avión se mueve violentamente. No son turbulencias, el avión pierde altura rápidamente y los viajeros gritan aterrados. La azafata pregunta si alguien sabe pilotar. El pánico se convierte en un pasajero más.
Yo sé, al menos en ese sueño sé. Acompaño a la azafata hacia la cabina. A la entrada hay un hombre atado de pies y manos que tiene mi misma cara. Y dentro puedo ver al piloto con una gran herida abierta. Cojo los mandos y sin tener claro cómo, consigo aterrizar.
Siempre me despierto en la celda encharcado en sudor sin saber aún por qué nunca logro soñar que soy el secuestrador.

La pelea

Una sola vez. He bajado la guardia una sola vez y se ha dado cuenta. Me ha impactado en la ceja: creo que la tengo abierta. Quiero poner en práctica mi famoso juego de pies, pero me ha castigado tanto el hígado que no puedo mover las piernas.

– ¡Eh, arbitro! ¡Me ha pegado después de que sonara la campana!

Tengo la pelea perdida a los puntos. Sólo un milagro me salvaría. Si le enganchara la mandíbula con mi gancho... Si pudiera.

Ya estamos de nuevo: moverme, mantenerme lejos de él, que no me alcance y esperar mi momento. Se sabe vencedor y esa es su debilidad.

El público silva, me silva. A mi. Al viejo héroe, al que ha vuelto después de 10 años. Malditos.

– ¿Queréis que me pegue? ¿Eso queréis? Pues va a ser que no.

Mierda. Me ha dado, se me aflojan las piernas, voy a caer.

Y no me levantaré más.

El autobús

Marcos es un tipo como tú o como yo. Bueno, quizás más como tú… ya sabes… un poco «pringadillo». No me mires así, que tú mismo lo dices siempre.
Total, que Marcos va a la universidad —y a cualquier otra parte— tirando de bonobús. Y, como no es que sea el tipo más popular del mundo, le suele tocar ir solo. ¿Y qué hace para pasar el rato un tipo sin iPhone, ni PSP, ni ningún otro chisme fabricado a partir del 2000? Simplemente se imagina la vida de la gente ¿triste, no?
«Esa que habla con el tipo bajito, en el fondo, lo odia. Lo que querría es irse a la ciudad que lleva en la foto de su carpeta. Sí, irse lejos, mucho.» «Aquél que se ha sentado en el extremo, con la mirada triste, va camino del laboratorio porque hoy deberá diseccionar a la rata de laboratorio que considera su mejor amiga»
«Ese hombre moreno que parece que no ha roto un plato, ese, acaba de matar a su vecino. Con sus propias manos. Y lo tiene escondido en el sótano… no, no, en el congelador de su bar. Sí, eso» pensaba Marco…

De cañas

Comenzamos en La Charca, con el pinchito y el lomo. La cerveza no es de mi marca predilecta, pero las tapas merecen la pena. De ahí nos vamos al Puga, donde nos esperan los boquerones rebozados. Allí caen dos o tres más. Las risas suben de volumen y las conversaciones de tono a medida que avanza el tiempo. Entonces alguien lanza la idea: cama redonda.
Aún me pregunto como terminamos aceptando. Desde entonces ir de cañas adquirió otro significado para nosotros.
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Fundido a negro

Él le dice que no quiere seguir. Ella le responde que han sido muchos años y que no entiende como es posible que piense que se ha acabado el amor, que en realidad debe haber otra. Él dice que no, que no hay otra, que simplemente ya no la quiere y que le parece que confesarlo es lo más honesto para con ella. Pero ella le abofetea, le llama mentiroso y rompe a llorar mientras él se aleja con la maleta en la mano izquierda.
Mira a cámara y dice: "Nunca te olvidaré". Fundido a negro y FIN.
Un gran plano, se dice. Lástima que lo que ella imagina cómo una escena cinematográfica en realidad sea su vida, y que la palabra fin no sea una promesa de nuevas aventuras, sino el cierre de uno de los capítulos más importantes de su existencia.
Ya no llora, no puede, ahora se enfrasca en encontrar una banda sonora acorde con los últimos acontecimientos. Y, mientras la busca, se da cuenta de que él tenía razón: incluso ella ya no le amaba y se sentía, hasta cierto punto, aliviada.
En realidad era…

Tipos de almas

No se confundan ustedes. Lo mío no tiene que ver ni con Dios y su Corte Celestial, ni con los marcianos de Ganímedes. Lo mío es difícil de creer hasta para mí. Así que antes de comenzar a querer reírse a mi costa, dejen que les explique. Si es que puedo.
Algunos le llaman aura, yo prefiero llamarle alma, porque no es sólo un círculo de luz alrededor de una persona; ese alma que yo percibo (no sólo la veo) cambia, es cierto, con los estados de ánimo; pero también tiene tendencias que se mantienen en el tiempo, y que son el reflejo de la personalidad de su poseedor.
A algunas personas, el alma se les derrama literalmente, de forma que logran abrazar las de otros seres. Otras, sin embargo, son pequeñas o incluso menguantes, y pertenecen a sujetos normalmente abyectos o resentidos. He llegado a ver un alma que era llorada: se diluía a goterones junto con las lágrimas de una mujer.
Se preguntaran qué pasa con el alma cuando uno muere. Ya les dije que no creo que sea cosa de Dios, no creo siqu…

El Universo se expande

Ella está acostada a pocos centímetros y, sin embargo, la nota cada vez más y más lejos. El Universo debe estar expandiéndose. En realidad, el Universo procede de un enorme movimiento respiratorio. Primero fue la inspiración, en la que contra todo y contra todos, lograron unir sus vidas. Pero ahora viven en medio de la gran expiración. Aunque, paradójicamente, ninguno se ha movido y se ven cercanos y lejanos al mismo tiempo.
La tiene a pocos centímetros, observa ese cuello que siempre le volvió loco, y siente que no está allí, que se distancia irremediablemente de él: el Universo se expande.

La mujer fría

Su madre le contó que en cierta ocasión, siendo niño, le preguntó por quién era aquella mujer del parque que siempre estaba desnuda. Ya entonces la estatua ejercía sobre él una enorme atracción. Con el tiempo, esa atracción inicial fue convirtiéndose en una pérfida obsesión en la que cada vez más y más espacios de su vida se veían involucrados.
Aquel cuerpo de mujer desnuda había sido obra de un oscuro escultor del siglo XIX que lo había donado a la ciudad a cambio de una calle con su nombre (única forma de la que podría pasar a la posteridad). Los próceres de entonces lo ocultaron en un rincón poco frecuentado del parque, para evitar las miradas lascivas de los jóvenes. Pero cuando volvió la democracia, alguien pensó que la estatua merecía una posición más a la vista y terminó luciendo su pétrea desnudez en una de las fuentes principales.
Ella era de mármol. Estaba fría. Pero su cuerpo era perfecto y su rostro representaba la belleza absoluta. Por eso, cuando por fin se dio cuenta de q…

El googleadicto

Todo está en Google, todo. Cada mañana me levanto y busco entre sus enlaces los trozos de mi vida que quizás alguien haya colgado en la red. Mis fotos, mis escritos, mis conferencias, mis amores, mis olvidos. Todo.
Y, sin embargo, cada noche, justo antes de apagar el ordenador, y el teléfono, y el GPS portátil, y la luz, me siento completamente vacío.

El primer cuento del año

La primera sensación del nuevo día fue la de tener algo pastoso y ácido en la boca. Inmediatamente reparó en el cerebro, intentando mantenerse a flote en medio de la tormenta. Inequívocamente se trataba de una buena resaca (y esta vez sin metáforas marineras). Así que abrió los ojos temiéndose lo peor. Y lo peor tomó forma de habitación ajena, de cama ajena, de una piel ajena junto a la suya.
Intentó recordar cómo llegó a parar ahí, de qué modo —entre copa y copa— se olvidó de su matrimonio, de sus hijos, de su buena reputación y acabó en los brazos de una desconocida con la espalda tan… ¿peluda?
Se dispararon todas las alarmas de su cerebro y, de golpe y porrazo, las últimas horas pasaron frente a sus ojos. ¿Qué le diría a él cuándo despertara? ¿Y a su mujer? ¿Y a la mujer de él?
Respiró profundamente en esa soleada mañana del primero de enero. Muy profundamente. Pensó «Bueno, año nuevo: vida nueva» y se dejó llevar de nuevo por el más plácido de los sueños.