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El amante bulímico

Es un hombre extraño, pero sus abrazos y sus besos son ya para mí una parte irrenunciable de la vida. En cada una de sus caricias me siento morir y renacer de nuevo. Ningún otro de mis otros amantes había logrado hacerme sentir así: tan afortunada de ser mujer.
Sin embargo, es un hombre extraño. Se vacía en cada encuentro, como si le fuera la vida en ello, como si cada vez fuera la última. Con él, a veces me siento como la mujer del último deseo. Como si diera mi amor a un hombre que no va a volver a ver un nuevo amanecer.
Le veo esforzarse tanto... Es como una especie de bulimia. Siempre está dispuesto a hacerme el amor, como si después de cada orgasmo vomitara su cansancio, para poder seguir comiendo mi cuerpo y mi alma poco a poco, beso a beso.

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