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Mostrando entradas de julio, 2008

Demonios privados

"Hazlo. Hazlo", susurra a gritos la voz que suena en mi cabeza. Veo sus ojos llorosos pidiendo clemencia.
Pero no puedo soltar mi presa alrededor de su cuello. Me pide perdón, me dice que lo siente. Que no lo volverá a hacer en su vida.
"De eso estoy seguro", le digo. Tal y como me han sugerido las voces. Y ella llora aún más intensamente.
– Luis, déjala. Por Dios. No te busques la ruina. – Me dice Alberto. Mi amigo Alberto. Le disparo en una pierna y se calla.
Y el disparo provoca que ella se orine encima. La humillación completa. Ahora ya sabe como me sentí.
"Dispárale, dispárale", susurran a voces mis demonios privados.

Silencio

No escucho nada. No oigo.
Tampoco emito el más mínimo ruido. Sólo silencio.
Si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio, calla. Eso me decían en el colegio. Eso aprendí. Y eso hago.
Mantengo firme mi propósito de irme sin dejar la más mínima huella: borrarme de este mundo que no me tiene en cuenta, que no quiere mirarme. Ni escucharme.

Un polvo enconado

– ¿Cómo dice?
– Lo que ha oído. Usted está de mal humor, cree que su mujer no le quiere. Piensa que su vida se escapa entre los dedos y que ni puede hacer nada por evitarlo, ni se ve capaz de aprovecharla. Se lo puedo decir de forma más técnica, pero yo creo que lo que tiene usted es lo que yo llamo un "polvo enconao".
– Es posible, pero no uno, ya deben ser cientos. En cualquier caso, ¿qué puedo hacer?
– Tiene usted, en principio, un par de opciones. Puede poner las cartas sobre la mesa y hablar con su esposa. Puede usted decirle cómo se siente. Esto pude ser la solución, o el inicio de una crisis en su matrimonio.
– Ya... ¿Y la otra opción?
– ¿Ha oído usted hablar del bromuro?

Cortar amarras

Ha cortado las amarras. No las ha soltado. Quiere dejar claro que no piensa volver. Esos dos pedazos de cuerda guardarán memoria de su marcha.
A la salida del puerto, uno de los marineros le saluda. Devuelve el gesto con la mano y pone proa al sur. Iza la mayor, despliega el foque y programa el piloto automático. Entonces baja a la cabina y recoge el cuaderno de bitácora. Pone en el equipo de música La Boheme y vuelve a cubierta. Abre el libro y escribe:
"5 de julio de 2008, 17:20 horas. He cortado las amarras. No las he soltado. Quiero que esos dos cabos rotos guarden memoria de mi marcha."

Volar no tiene secretos

Es simple. La cuestión es no mirar. La cuestión es saltar sin dudas. Aferrarse a la argolla y tirar de ella cuando hayan pasado 15 segundos. Pero, ¿y si en el último momento decido no tirar? ¿Y si la sensación de ingravidez me nubla la razón y se me olvida contar?
El resto de saltadores mira al suelo del avión. Todos sudan de nerviosismo y ya nadie hace chistes como en el momento del despegue.
El monitor ha gritado que todos arriba. Nos ponemos en el orden ensayado y comenzamos a saltar.
Volar es fácil, la cuestión es no mirar. Cierro los ojos y pongo mi mente en blanco. ¿Habrán pasado ya los quince segundos?

Una línea más

Cruza la ciudad sin levantar los ojos del suelo. Se diría que va leyendo un texto secreto, escrito con una tinta visible solo a sus ojos. Pero en realidad huye, escapa. Se aleja de un destino prefigurado por otros. Quiere pasar desapercibido, olvidarse de esa B ignominiosa con la que le marcaron justo unas horas después de nacer.
Atraviesa la ciudad, queriendo dejar atrás el resto de su vida. Pero junto a él, por encima y por debajo de él, miles de kilómetros de fibra óptica trasladan a todos y cada uno de los terminales del país su ficha. No es el primer Tipo B que se revela. Ni será el último.

Un mundo de previsiones

– ¿Cómo lo calificamos entonces?
– Tiene una elevada probabilidad de no pasar de los 40, pero será guapo e inteligente, lo que hará que sus ingresos sean elevados.
– Si consigue evitar que nadie se entere.
– Está la Ley.
– Pero tú y yo sabemos que la Ley no se cumple, y que lo más probable es que esté condenado. Será una novia precavida, o un jefe curioso, hasta una Universidad que quiera conocer la probabilidad de rentabilizar su inversión de conocimientos.
– ¿Entonces?
– Baja esperanza de vida, baja generación de ingresos: Tipo B.
– A veces me pregunto si lo que hacemos es justo.
– ¿Sería más justo que la sociedad gastara millones en educarle, en promocionar su imagen, para que luego se muera y entierre con él todo ese dinero?
– Pero, ¿Y si no se muere? A veces pasa.
– A veces, pero muy pocas.