Ir al contenido principal

La caverna de Platón

Siempre me pareció un nombre impropio para un bar, pero si yo hubiera tenido que montar uno, posiblemente lo hubiera hecho a su imagen y semejanza. El nombre, a priori, no tenía nada que ver con lo que uno se encontraba dentro. Aunque eso era a priori. Sólo cuando el dueño te tomaba confianza era cuando le encontrabas sentido al letrero de la entrada.
Hoy es uno de esos días en los que viene bien un buen consejo. La presión en el trabajo es tal que me encuentro entre la espada y la pared, y entonces es le pido a Pedro que haga salir de la cueva a Platón.
Platón me mira directamente a los ojos, yo diría que incluso me husmea directamente a los ojos, y entonces pregunto. Le cuento mi dilema: no sé si plantarme o rendirme y abandonar la empresa. Por un momento deja de mirarme, le da un mordisco a la rebanada de pan que tiene a su alcance y entonces habla.
Como siempre, hago lo que dice y funciona.
A estas alturas ya no me sorprende que Platón sea un ratón, lo que me intriga de verdad es que nunca se equivoque.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El niño y el recuerdo

El recuerdo botaba en el umbral del patio. El niño se acercó a él con decisión y de una patada lo embarcó en el terrado. Allí quedó olvidado por veintitrés años, hasta que un viento de Levante especialmente intenso lo volvió a traer al suelo. Y el niño, ya hombre, sintió de golpe una laceración en el alma. Quiso volver a olvidar, pero fue imposible porque ninguna patada lograba ya que aquel recuerdo abandonase el patio de su memoria.

20x20x20

Entras en la sala a oscuras. El proyector dispara su haz cegador contra una pantalla blanca en la pared continua a la puerta. No puedes verles, pero sabes que todos te están mirando. Lanzas tu presentación a la pantalla y comienzas el discurso. El diagnóstico es sencillo, pero seguro que has descolocado a alguien con el tema de los nuevos perfiles de clientes. Las diapositivas van cambiando solas: te ha costado ensayar durante todo el fin de semana, pero das por seguro que ha merecido la pena. Imaginas sus caras sorprendidas, incluso alguna un poco fastidiada. Llegas a las conclusiones y preguntas: “¿alguna pregunta?”. Nadie responde; como siempre. Luego llegará un correo de algún valiente que se atreverá a puntualizar algo. Una chorrada menor, seguro. Hoy te has lucido, has cumplido la regla de los 3x20 a rajatabla: 20 minutos, 20 diapositivas y no más de 20 palabras por diapo. Apagas el proyector y buscas a tientas el interruptor de la luz. Entonces te percatas. no hay nadie, y en l…

Soñar con la Atlantida

Toda su vida había sido una espiral de sucesos que se alejaban para luego acercarse al tema central de su Universo: la Atlántida. Desde que escuchó el primer cuento sobre ella, narrado por su abuelo, supo que irremediablemente estaba atrapado por su búsqueda. Lo leyó todo, desde la descripción idealizada de Platón, hasta las versiones más disparatadas de los grupos herméticos.

Había visitado todas las posibles Atlántidas de la Tierra y había coleccionado cuanto documental, libro o folleto turístico que se había cruzado en su camino. Lo sabía todo sobre esa nación, lo posible y lo imposible y, aún así, la seguía buscando porque soñaba con ella todas las noches.

Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…