Ir al contenido principal

La batalla de Tao

Tao Tching, hijo de un agricultor, nieto de un agricultor, biznieto de un agricultor sin tierras, estaba a punto de ver colmados los sueños de todos sus antepasados. Al frente de un cuerpo de ejército del emperador, tras múltiples años de preparación, tras haber vencido todos los inconvenientes que encontró en su ascenso social, allí estaba.
El sol apenas comenzaba a apuntar detrás de las redondeadas colinas, cuando el general dio la orden de ataque. Sus hombre formaban parte de la avanzadilla y debían ser los primeros en atacar el frente mongol. Debían, por todos los medios abrir una brecha en las filas de los temibles hombres de la estepa y envolver su ala izquierda. Tao miró los rostros de sus hombres y vio el miedo reflejado en ellos, en todos y cada uno. Y supo que su guerra estaba perdida. Aún así o, mejor aún, por ello, lanzó a los suyos con la determinación de la desesperanza. Antes de que el sol hubiera alcanzado el cénit, China era parte del imperio Mongol y el rastro de la familia Tching se había borrado del recuerdo de la historia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El niño y el recuerdo

El recuerdo botaba en el umbral del patio. El niño se acercó a él con decisión y de una patada lo embarcó en el terrado. Allí quedó olvidado por veintitrés años, hasta que un viento de Levante especialmente intenso lo volvió a traer al suelo. Y el niño, ya hombre, sintió de golpe una laceración en el alma. Quiso volver a olvidar, pero fue imposible porque ninguna patada lograba ya que aquel recuerdo abandonase el patio de su memoria.

20x20x20

Entras en la sala a oscuras. El proyector dispara su haz cegador contra una pantalla blanca en la pared continua a la puerta. No puedes verles, pero sabes que todos te están mirando. Lanzas tu presentación a la pantalla y comienzas el discurso. El diagnóstico es sencillo, pero seguro que has descolocado a alguien con el tema de los nuevos perfiles de clientes. Las diapositivas van cambiando solas: te ha costado ensayar durante todo el fin de semana, pero das por seguro que ha merecido la pena. Imaginas sus caras sorprendidas, incluso alguna un poco fastidiada. Llegas a las conclusiones y preguntas: “¿alguna pregunta?”. Nadie responde; como siempre. Luego llegará un correo de algún valiente que se atreverá a puntualizar algo. Una chorrada menor, seguro. Hoy te has lucido, has cumplido la regla de los 3x20 a rajatabla: 20 minutos, 20 diapositivas y no más de 20 palabras por diapo. Apagas el proyector y buscas a tientas el interruptor de la luz. Entonces te percatas. no hay nadie, y en l…

Soñar con la Atlantida

Toda su vida había sido una espiral de sucesos que se alejaban para luego acercarse al tema central de su Universo: la Atlántida. Desde que escuchó el primer cuento sobre ella, narrado por su abuelo, supo que irremediablemente estaba atrapado por su búsqueda. Lo leyó todo, desde la descripción idealizada de Platón, hasta las versiones más disparatadas de los grupos herméticos.

Había visitado todas las posibles Atlántidas de la Tierra y había coleccionado cuanto documental, libro o folleto turístico que se había cruzado en su camino. Lo sabía todo sobre esa nación, lo posible y lo imposible y, aún así, la seguía buscando porque soñaba con ella todas las noches.

Contaba con sesenta años cuando, de la mano de su nieto, descubrió las posibilidades de Internet. Y, entre todos los recursos que descubrió, hubo uno que le hechizó de forma especial, el Google Earth. Desde que lo descargó a su ordenador se pasaba las horas analizando cada centímetro cuadrado del mapa virtual del mundo, intentando…