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El barco de papel

He tenido que lidiar con muchos locos a lo largo de mi vida. Sí, ya sé que no es propio de un psiquiatra hablar de locos en general, sin distinguir entre las diversas razones que conducen a la sinrazón que es siempre la locura. Decía que he tenido que lidiar con muchos enfermos mentales a lo largo de mi vida, pero ninguno como el interno 116 del Hospital de Santa Inés, que había sido encontrado en las inmediaciones del puerto, vagando entre los contenedores y alimentándose de cuantas alimañas merodeaban por los muelles.
Su enfermedad, aún sin diagnóstico, solía aparecer en forma de delirios momentáneos, en los que hablaba de circunnavegar el globo. Al principio pensamos en una esquizofrenia, pero cuando descubrimos que se dedicaba a acumular periódicos en los más insospechados escondites, nos decantamos por alguna dolencia maníaco compulsiva.
Hoy, no obstante, me pregunto hasta que punto estaba realmente loco, sobre todo después de que comenzara a construir un gran barco de papel con los periódicos y lograra hacerlo navegar hasta salir del puerto de la ciudad. Mientras su embarcación se alejaba de la costa para repetir la hazaña de Elcano su mirada audaz nos asustaba desde la popa.

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