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Mostrando entradas de julio, 2007

100

Más allá de los campos de amapolas del Este; al otro lado de los Montes del Olvido, cruzando el Río de los Inmortales, habitan los 100 eternos. Su valor está escrito en las crónicas de 100 reinos, más de 100 poetas han cantado sus gestas y durante más de 10 siglos han buscado lejanas batallas en las que vencer.Su sangre se ha vertido en cientos de lugares bendecidos por Marte. Vencieron a las huestes de Alejandro, detuvieron la expansión de los romanos en Asia, lucharon junto a Gengis Khan, ... Medraron a lo largo de la historia, siendo vasallos de Solimán, caballeros templarios, soldados de los tercios viejos de Flandes, comandos a las órdenes de multinacionales de la guerra. Han derramado sangre en cuatro continentes y aún hoy, celosos de su secreto, imponen su ley a base de muertos en Irak, nuevamente a las órdenes de un jefe iluminado, como aquel Aquiles que les guió a su primera batalla.

Palabras envenenadas

– Adiós.– Me voy. – Te dejo. – Hasta nunca.
Oigo las palabras malditas que envenenarán tu recuerdo para siempre. Y me dejo arrastrar por el caluroso barro de mis miserias. Te has ido. Me has dejado. Me has dejado muerto en vida, pensando en no hacer la próxima inspiración.
– Me olvidarás.
Y entonces te creo. No hay vuelta atrás y sólo puedo buscar un rincón en el que llorar mi ausencia de ti, borrar tu rostro y alejar tu recuerdo de mi vida.

El hilo

La primera vez que oyó hablar a Frank Von Strange, apenas sabía nada de psicología. Era un estudiante curioso que se dejó deslumbrar por una frase escuchada al azar en un café: "Lo único que separa la cordura de la locura es un fino hilo. Todo el mundo puede trasladarse a cualquiera de los dos extremos del hilo. Sin embargo, a veces se rompe, y si te pilla en el lado de la locura, te quedas allí para siempre... A no ser que encontremos la forma de hacer un nudo en el hilo".
Aquello le pareció sublime. Persiguió a Von Strange por toda Viena hasta que logró que éste le admitiera como discípulo.
A través de prolongadas jornadas de trabajo ambos buscaban afanosamente el hilo. Coleccionaban recortes de prensa de hombres y mujeres normales, buenos vecinos que de pronto se dejaban cegar por la locura y mataban a su familia, o de niños que se comportaban como animales y que ellos llamaban sus pruebas. Fue uno de esos días agotadores en el manicomio que Von Strange dijo haber encontrad…

El mapa maldito

Su sueño le costó la vida. Cuando se lo contó al sultán por primera vez, a éste le pareció que la idea tenía sentido. Un mapa pormenorizado de todos los dominios del Imperio de la Sagrada Puerta resultaría una herramienta estratégica muy útil en tiempos de guerra. Se hicieron venir geógrafos de todos los rincones del imperio, y los mejores artesanos de Estambul fueron puestos a la tarea de representar en tres dimensiones cualquier río, montaña o pradera que hubiera en las fronteras del reino.
Los jardines de Topkapi fueron sacrificados para dejar espacio a la enorme maqueta que día tras día crecía sin parar. Al cabo de diez años de duro trabajo, el Bósforo, la península de Anatolia y hasta las estribaciones de los Cárpatos estaban representadas con un grado de realismo nunca antes alcanzado. El sultán estaba gratamente satisfecho y él fue nombrado astrólogo real. Pero no se conformó. Logró convencer al sultán de la necesidad de poblar aquel paisaje desnudo de sus habitantes: casas, pla…

No te rias

– No tiene gracia. Ninguna. Ella me lo pidió. Ya sé que suena ridículo, pero en aquel momento no me pareció mal. No te rías, no tienes ni idea de quién era yo en aquel momento. Si me hubiera pedido que me descerrajara un tiro seguramente lo habría hecho.
– ¡Joder! ¡No te descojones! Es posible que algún día te suceda algo parecido y entonces me entenderás. ¡Ten amigos para esto! Pues que sepas que seguramente volvería hacerlo. Por mucho calor que se pase dentro del traje de oso panda, el premio es tan dulce que merece la pena...

Las llaves

Buscaba en el bolsillo las malditas llaves. Pero éstas no querían aparecer. Se escabullían entre sus dedos, confundiéndose con las monedas una y otra vez. Andrés no lo sabía, pero a veces las cosas nos hablan a través de sus comportamientos. Y esta era una de esas raras ocasiones.
"No entres ahí", le decían. "No entres o perderás la mayor oportunidad de tu vida".
En un gesto de desesperación, el anillo de un par de llaves de candado se enganchó al hilo del fondo del bolsillo: un sinónimo gestual del grito.
Pero Andrés no hizo caso y de un solo tirón seco logró sacar las llaves, rasgar el fondo el bolsillo y perder para siempre al mayor amor de su vida.
En represalia, las llaves nunca más volvieron a hablarle, y siempre que tenían ocasión se dejaban caer por el agujero del bolsillo.

Historia de Nada

Soy nada, nadie, el vacio, la no materia y la no antimateria. Ni siquiera tengo nombre verdadero, incluso es posible que no tenga alma, soy menos que un átomo y menos que un neutrón.
No he querido nunca a nadie y nadie me ha querido nunca. Existo sólo porque sé que existo, porque deseo existir.
El tiempo para mi no es importante, acaso un accidente que sucede al margen de mi propia conciencia.
Y, sin embargo, millones de estúpidos humanos me veneran, me nombran de diversas formas y se empeñan en matarse entre sí por razones diversas entre las que mis distintos nombres se llevan la palma. No se dan cuenta de que el día que el último de ellos deje de nombrarme, ya no tendrá sentido mi inexistencia y, finalmente, podré dejar de pensar que existo.

Recuerdos

– Al final de la calle, a la derecha, hay una pequeña floristería. La dependienta es una chica muy mona y muy simpática. Siempre que paso me la quedo mirando. Tengo el plan de comprar un día un ramo de rosas y regalárselo directamente, pero me da mucha vergüenza.

– Abuelo, la floristería ya no está. Y era la que atendía la abuela. De todo eso hace ya mucho tiempo.

– Ay, hija, no. Todo eso fue ayer. Lo que pasa es que la noche ha durado 70 años.

Registro de salida

Número... Mil quinientos cincuenta y tres. Tipo de documento: carta. Destino... Destino...

Destino: cualquier parte.

Resumen: Apenas a dos días de mis vacaciones ella me ha abandonado. Le escribo cientos de reproches acumulados durante estos años. Le explico que siempre la quise y que nunca me sentí verdaderamente querido. Me despido con dureza, incluso crueldad.

Observación: añado en la posdata: "por favor, vuelve".

Duerme

Duerme. El silencio es el testigo de su sueño, calmado, tranquilo. Sigue aferrado a la almohada, como con genio, como con rabia, pero sus ojos siguen cerrados, y los piececitos cruzados sobre las sábanas transmiten una sensación de quietud absoluta.
Sólo el calor transita perezosamente entre nosotros. Por eso deseo que se despierte y que rompa el hastío de esta larga tarde que transcurre lenta. Aunque eso suponga una batería de gritos, súplicas, risas, lágrimas e impaciencia que constituyen su rutina.

La ciencia de lo imposible

Siempre había estado obsesionado por el movimiento. Su madre ya decía que antes de nacer notaba los leves cambios en su posición, anunciando con una patadita cada vez que ella se ponía de pie o se sentaba, o se acostaba.
El movimiento es física, por eso desde muy pequeño había soñado con estudiar dicha carrera. Sin embargo, entre cuarto y quinto, algo se debió romper en su cabeza y comenzó a obsesionarse con la idea del movimiento perpetuo. Estudió viejos documentos, se leyó todas las biografías disponibles de Leonardo, construyó uno tras otro cientos de prototipos y dedicó todas las horas del día al estudio, diseño y montaje de sus máquinas.
Todos pensaron que se había vuelto loco. Todos, menos su madre, que veía en los intentos de lograr patentar sus móviles, un hilo de lucidez por el que ambos terminarían saliendo de nuevo hacia la luz.

Yo te maldigo

Al fin la maldición se había cumplido. Poco importaba que hubiera tenido que descerrajarle dos tiros en la nuca. Finalmente, la maldición que encargó para el hombre responsable de la muerte de su mujer y sus hijos se había cumplido.
Le hubiera gustado más que hubiera sido de la misma forma que él mató a los suyos: atropellado por un estúpido borracho. Pero por más vueltas que le dio siempre le pareció un método poco seguro.
– Te vuelvo a maldecir... –le espetó al cadáver que le miraba sin comprender ya nada.

La ira de los dioses

Durante semanas la lluvia cayó, arrastrando a su paso toda planta, animal o roca que no había sido talada, cazada o movida por los humanos. Todo fue mezclado en un barro primigenio, lleno de vida y, a la vez, sembrado de muerte.
Los hombres enfrentaron sus lanzas y escudos, inútiles, ante la avalancha. Las mujeres usaron los gritos y las súplicas a los dioses, que no las quisieron oir. Su ira convertida en barro cubriría durante siglos el poblado, condenando al olvido, de paso, sus propios nombres.

Narval

El 15 de agosto de 2036, tras pasar los siete últimos años vagando como un fantasma por el Atlántico, murió el último narval del planeta.
En el extremo norte de Groenlandia, el último vestigio del monodon monoceros simplemente se extinguió. Y lo hizo apenas sin ruido: ni la prensa ni las televisiones repararon en ello.

Para los inuit, un duro pueblo acostumbrado a luchar durante siglos contra las extremas condiciones árticas, el primer narval fue una mujer que cayó al mar con un arpón y acabó fundiéndose con él. Quizás, de no haber desaparecido oficialmente en 2017, algún inuit hubiese llorado la muerte silente del último de los seres imposibles de la Tierra.

Un hueco en el corazón

Pedro no pasó buena noche. Se levantó con la sensación de haber perdido el norte de sus sueños en algún momento de la madrugada, aunque no recordaba que se hubiera despertado.
Durante su media hora de jogging se sintió más cansado de lo normal, aunque lo achacó a la mala noche. No fue hasta medio día, cuando el cigarrillo del aperitivo le dejó sin respiración, que comenzó a preocuparse.

Se cansaba al caminar, le faltaba el aire en medio de las frases, y comenzó a notarse el perímetro de los labios ligeramente morado. Durante la última reunión del día, ya no pudo mantener siquiera una conversación y, en medio de un ataque de ansiedad, perdió el conocimiento.

Lo recuperó al poco tiempo, y su primer pensamiento fue para María, con quien acababa de romper. Mientras, en la sala de radiografías, un nutrido grupo de especialistas se peguntaban cómo era posible que alguien pudiera sobrevivir con tan enorme hueco en el corazón.

Dedicado a Llanos, todo corazón.

Ludvila la pescadora

Estaba en la orilla. Los peces no querían picar, y sin peces no había comida. Desde el derrumbe de la URSS el derecho a la alimentación había sido sustituido en el seguro de inanición, del que pocos afortunados lograban zafarse, tan sólo algunos inspirados y corruptos ex-funcionarios, o los delincuentes de antaño devenidos todos a hombres de negocios.

A su espalda, un grupo de hombres miraban golosos sus insinuantes curvas mientras lanzaba una vez más el anzuelo. Eran las dos de la tarde y los peces le habían dado la espalda. Ludvila guardó parsimoniosamente los bártulos y entonces miró uno a uno a los hombres que la habían estado observando. Ellos comenzaron a sacar billetes de sus bolsillos.

Ludvila sopesó las ofertas. No le convencieron, así que negó con la cabeza. Algunos de ellos mostraron más dinero. La puja silenciosa continuó hasta que sólo quedó uno. Rápidamente calculó: tendría para dos semanas sin necesidad de volver a pescar.

La devoradora de almas

Decían de ella que coleccionaba hombres como otras zapatos o bolsos. Normalmente le bastaba una sonrisa, una leve caída de ojos o una mirada cómplice. Sólo en raras ocasiones tenía que echar mano de trucos más sutiles: roces tímidos, escotes vertiginosos o lascivos cruces de piernas.
Decían de ella que sólo una vez estuvo a punto de enamorarse de su presa. Por desgracia, no fui yo. Me habían advertido, me habían vaticinado que lo intentaría, que querría aumentar su colección de conquistas conmigo. Y , estúpido de mi, me dejé cazar en cuanto nuestros ojos se cruzaron. Desde el primer momento quise creer que ella me amaba, y desde el principio supe que tan sólo era uno más.
No buscaba dinero, no quería lujos. La intenté retener prometiéndole el mundo entero, cubriéndola de joyas y de oro, encerrándola en un viaje perpetuo. Pero fue en vano. Cuánto más me esforzaba en mantenerla a mi lado, más distante la sentía.
Al final me abandonó, llevándose solo su ropa. Y, con ella, se marchó mi alma…

¡Dios está con nosotros!

¡Aleluya! Dios está con nosotros.
¡Aleluya, hermanos! Dios nos manifiesta su poder a través de mis manos. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya! Que nos ha concedido la gracia del milagro. Vuestra fé lo ha provocado. Ella anda porque cree y porque creéis.
Dios es mi señor y yo soy su pastor: un mero instrumento de su voluntad. ¡Aleluya! Lo que le hagais a Dios, me lo hacéis a mi. Lo que me hagáis a mi, se lo hacéis a Dios. Lo que me dais a mi, se lo dais a Dios...

15 y una más

Bajo la bandera de mi alma viajera,
abandono la ruta que me lleva a tus ojos.
No quiero ser más como la roca y el mar
que se hieren de muerte en cada encuentro.

Las estrellas son ahora mis faros,
luciérnagas del Universo inaprensible.
Se acostumbras mis pupilas a mirarlas,
refulgentes, cada noche de verano.

Acomodo el ritmo de mis pasos al olvido
que dictan desde arriba las neuronas
y siento, avergonzado, a cada paso
que mis huesos aún añoran tus cuidados.

El viento de los años azotará los versos
que alguna vez soñé con dedicarte
y sabrán entonces las hojas del cuaderno
que ya no son tus ojos los que añoro.