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La huella

Ser detective está mal visto. Y dejarse comprar por dos chavos está aún peor considerado entre los detectives. Pero a veces el destino te empuja por la senda de las decisiones equivocadas.
Perdido en un bosque de deudas, clientes vergonzosos y casos de mierda, mi espíritu clamaba venganza contra mi mala suerte. Hasta que la rubia apareció recortando su figura contra la luz del pasillo. Y el caso, era un gran caso. Como en una vieja película de cine negro, terminé siguiendo a alguien por media Europa y metiéndome entre las sábanas de mi bella clienta.

Otra mala decisión.

Ahora ella me apunta con su pistola y con su frialdad, ya no le sirvo. He matado por ella, me he condenado y ahora soy prescindible. Así que sólo me resta morir tal y como quise vivir.

– Muñeca, antes de liquidarme, dame un beso. No, mejor un cigarrillo, así me iré con algo dulce entre los labios.

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