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Sin pausa

Cualquier día lo hará, seguro.
Se levantará como siempre, se vestirá, se tomará ese horrible café en ese horrible bar, se sentará en su puesto, escuchará todo aquello que no le interesa: lo listos que son los hijos de una, lo grande que es la cama del otro y lo triste que es la vida del tipo de la mesa del fondo de la oficina, cuadrará balances, preparará nóminas infinitamente más altas que la suya propia, intentará respirar hondo y comprenderá que allí dentro es imposible conseguir ni una bocanada más de aire, mirará hacia a la puerta y se morderá el labio nervioso, se levantará y andará lentamente hacia la salida y el camino le parecerá eterno, pero saldrá, saldrá a la calle y se sentirá renovado, limpio, completo, empezará entonces a andar sin rumbo, sin prisas, y cada paso será una nueva y emocionante decisión.

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